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Magníficos

Un proyecto de Keylor negro

Darryl Parker es una apuesta a futuro, enfundada en uniforme de arquero y con sueños sin estrenar.

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Darryl Parker atajó un partido y se fue envuelto en elogios. Cámaras, libretas y grabadoras lo esperaban a la orilla de la grama en el Fello Meza para que develara el misterio de sus orígenes. Paseó sus 1,92 metros entre comunicadores impresionados con sus paradas, que maquillaron con un digno 3-1 lo que pudo ser una goleada histórica del Cartaginés al Uruguay, en el estreno del Invierno.

Alucinados como estamos con el pase de Keylor al Real Madrid, vemos en este gigante de ébano a un proyecto de Navas, una apuesta a futuro enfundada en uniforme de arquero y con sueños sin estrenar. Darryl tiene una historia linda, con unos orígenes humildes y austeros en el Caribe costarricense, una madre que le dio luz verde para que jugara al futbol si lo combinaba con el estudio y un padrastro futbolero de quien hace muchos años no teníamos noticias Leroy "El padre” Foster.

A sus 21 años, apenas está amansando el arco del Uruguay, pero tiene chapa de consagrado a la hora de atajar. Va bien arriba, achica como si llevara una década en la portería y posee una reacción y reflejos que, indefectiblemente, nos empujan a compararlo con Keylor. Le falta mucho para ser un cancerbero completo.

El "Loco" Gatti, un grande del fútbol argentino entre las décadas del 60’ y 80’, diría que tiene que madurar a punta de goles -unos 150 por lo menos- antes de reivindicar sueños de grandeza. Eso sí: dispone de dos grandes aliados. El primero son sus facultades, que combinan biotipo, reacción, reflejos y ubicación. Y el segundo e igual de importante, la mano sabia del Profe Carlos Watson para guiarlo por un camino que, de entrada, viene salpicado de encendidos y peligrosos elogios.

Parker tiene que seguir creciendo como si nada hubiera pasado. Debe entrenarse con todo, aprender de los que más saben, verse en el espejo de los grandes guardametas y manejarse con los pies sobre la tierra. La prensa tiene que llevarlo despacio, destacando las grandes actuaciones como el domingo ante Cartaginés o un mes atrás contra Herediano, en el Torneo de Copa, en donde le evitó otra paliza a los aurinegros. Hay mucho en juego.

Tenemos un proyecto de excelente arquero, un proyecto de Keylor, pero hay que cuidarlo. Y en eso la mano de don Carlos es vital. El Profe es el mejor formador de talentos con que cuenta el país y sabrá encauzar todas esas facultades. Tampoco pude sustraerme a las comparaciones y se me asemejó mucho a dos grandes arqueros limonenses que observé cuando era niño.

Uno era Hernán Silvestre, un cancerbero fino y estilizado, de atajadas largas y reflejos felinos. El otro Evaristo Allen, un compendio de recursos para jugar bajo los tres palos, ordenar a la defensa, pegarle a la pelota en cada saque, atenazar para ganar todo en las alturas y vuelos de palo a palo que ahogaban gritos de gol que se daban por descontados.

No recuerdo un debut tan prometedor de un guardameta, en un futbol que nos acostumbró a los excelentes porteros en todas las épocas. Porque si hoy nos asombra Keylor, las voces autorizadas de antaño o las fotografías sepia nos cuentan de leyendas como Carlos y Hernán Alvarado, o el efímero y espectacular Felipe Induni en el Saprissa de los inicios.

Tuve la suerte de ver a toda esa galaxia de excelente porteros que actuaron desde finales de los 60' para acá, que incluye a Rodolfo Umaña, los mencionados limonenses, Emilio Sagot, Didier Gutiérrez, y los más contemporáneos, como Alejandro González y Marco Antonio Rojas. Y me alegra pensar que Darryl Parker se proyecta como un digno sucesor si trabaja, mejora y se supera. De él dependerá ser leyenda o anécdota.


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