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Editorial

El botín esquivo de la Copa Oro

Esta Copa, en todo caso, favorece al Tío Sam, que siempre juega de local, gracias al largo brazo de sus patrocinadores.

Sin caer en simplezas de que somos una potencia del área, o exageraciones como el Brasil de Centroamérica, ya va siendo hora de que Costa Rica gane una Copa Oro.

Son más de dos décadas del torneo y hace falta ver a la Tricolor en el palmarés de lujo. Estuvimos cerca, con la privilegiada generación del 2002, pero nos estrellamos en la final contra Estados Unidos.

Esta Copa, en todo caso, favorece al Tío Sam, que siempre juega de local, gracias al largo brazo de sus patrocinadores, imposibles de igualar en las modestas economías centroamericanas. Así que en lugar de tratar de abrir mercado para la Copa en otros países (ya ni se juega en México), la Concacaf se concentra en mimar a su socio más rico.

Los demás países aceptan, con tal de que el cheque final sea más grande. Contra esta disyuntiva nada se puede hacer y la Selección tica debe acostumbrarse a ganar en suelo norteamericano. Por dicha se juega en el verano de allá, así que no vamos a tener la nieve de Klinsmann.

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