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Editorial

El deber de golear

Los dominicanos dejaron claro desde los primeros compases que no tienen nada para inquietar a un equipo como Costa Rica.

Estos partidos ante rivales tan limitados deben saldarse siempre con un marcador amplio, como hizo anoche la Tricolor contra República Dominicana.

Ganar por menos era dejar dudas, con los rivales espiando a la vuelta de la esquina. Para eso sirven estos juegos: para ganar confianza, para pulir los tacos, para disfrutar. Los dominicanos dejaron claro desde los primeros compases que no tienen nada para inquietar a un equipo como Costa Rica.

Ni siquiera en casa, y en un estadio de béisbol (para sentirse todavía más en el hogar dulce hogar), mostraron argumentos para salir al menos con el empate.

Aquí, la observación es para la Fedefutbol, que consiguió un fogueo absolutamente accesible, sin mayor reto para la Tricolor, más allá de que el primer tiempo fuera un ejercicio de abstinencia en la red.

Pero pasemos la página: los próximos compromisos de la Sele sí serán determinantes, en ese mes de setiembre que nos debe catapultar hacia el Mundial. Y el valor del partido en Santo Domingo será inyectarle una dosis más de confianza al grupo.

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