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Editorial

Reglamento y carácter

Salvo errores muy flagrantes que es posible enmendar los réferis nunca cambian de criterio.

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Cuando un jugador se le va encima al árbitro, no está reclamando por la jugada que acaba de pitar, sino por la siguiente.

Salvo errores muy flagrantes que es posible enmendar (como una tarjeta mal adjudicada) los réferis nunca cambian de criterio, aunque el estadio se venga encima.

Entonces, reclamar parecería un ejercicio inútil. Pero no es así. Ayuda a crear un ambiente de presión para que, a lo mejor, en la siguiente jugada dudosa el juez sea más complaciente.

La táctica se utiliza también antes de los partidos. Quejarse del árbitro por anticipado es una forma de decirle “Vamos a estar muy pendientes, cuidadito”. Así parece estar ocurriendo en la final del torneo, a medida que los protagonistas se animan a hablar más del tema.

A un buen árbitro, por supuesto, todo esto le debe ser indiferente. Reglamento y carácter, eso es lo que se necesita para sacar un buen partido. Sin importar que sea una final a estadio repleto.

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