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Ganar en la mesa

Los reglamentos están ahí para ser utilizados, para ser revisados y para acudir a ellos cuando alguien percibe que de alguna forma les puede sacar provecho.

Hace tres semanas los aficionados de la “Sele” querían que la Fedefutbol tuviera los mejores abogados del mundo para echarlos a retar con apelaciones la aplanadora de FIFA, después del absurdo partido de la nieve. Es probable que algunos de esos aficionados salten hoy indignados cuando un equipo recurre una decisión en la Unafut. Es cierto que no hay comparación entre los enormes errores del árbitro y el comisario en Denver, y la apelación para la tarjeta roja de Meneses. El punto es que los reglamentos están ahí para ser utilizados, para ser revisados y para acudir a ellos cuando alguien percibe que de alguna forma les puede sacar provecho, ya sea con mayor o menor base moral. La culpa no es de los equipos que se arman de abogados para expulgar los cientos de portillos, la culpa es del reglamento mismo, que permite tomar atajos. No se puede pedir, por ejemplo, que los clubes autorregulen la conducta de sus jugadores. Es poner al gato a cuidar la leche.



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