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¡Alarma general: el robo del siglo!

En el deporte todo el mundo imitará lo que es percibido como eficaz: es correcto, deseable y más aun, inevitable.

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Así que, según Oscar Ramírez, Saprissa “copia” sus tácticas. No sabía yo que hubiesen derechos de autor, sobre las propuestas futbolísticas. Así vistas las cosas, Zagallo le habría robado a la Hungría de 1954 el esquema del 4-2-4; Holanda en 1974 le robó a Brasil la dinámica de los laterales que suben, cual pistones, al ataque; Cruyff le robó a Rinus Michels el concepto del jugador polifuncional, y Guardiola le robó a Cruyff el “tiqui-taqua” que ahora pone en práctica con el Barcelona.

La noción de “plagio” no es aplicable al futbol. Si yo escribiese una novela titulada “Cien años de soledumbre”, con un linaje de personajes apellidados “Buenasnoches”, residentes de “Maquindo”, razones más que fundadas habría para sospechar que estoy plagiando a Gabo. Pero resulta que el futbol no funciona de esta manera. ¿Imitación? En el deporte todo el mundo imitará lo que es percibido como eficaz: es correcto, deseable y más aun, inevitable.

¿No es su futbol, de toda suerte, calco del estilo “profiláctico” de Pinto? ¡Jugar “con preservativo”, alejar el peligro del área y no encajar un gol fatídico en el último minuto! Toda la escuela de Pinto reposa sobre la paranoia y el miedo, el trauma histórico de ese gol tardío con que Estados Unidos nos eliminó del Mundial 2010. Su gran promesa ha sido: “a mí jamás me harían tal cosa”. De hecho, ya se la hicieron en el partido final contra Jamaica. La verdad es que nadie puede asegurar que un percance así no vaya a suceder. Lo que sí podría prometer es que, habiendo marcado tres tantos con un futbol agresivo y audaz, la pesadilla del gol en el último minuto no pase de constituir un magnífico 3-1 a nuestro favor… Pero esa es una promesa que jamás escucharemos. Quien no arriesga nada no ganará jamás nada… Y podría perderlo todo.

¿Qué es lo que Saprissa, a través de una red de espionaje y filtraje de información digna de Snowden, le estaría “copiando” a su equipo, de todas maneras? ¿Reventar pelotas? ¿Congestionar el mediocampo de contenciones para obstruir toda propuesta del rival? ¡Cielo santo: qué arma secreta, qué inédito recurso, qué práctica inusitada, corramos todos a tomar nota de este sofisticadísimo planteamiento, a fin de apropiárnoslo!

Si en el deporte cupiese la noción de “robo táctico”, comprendería que alguien quisiese robarse la “Monalisa estratégica” o el “Diamante Zirconia balompédico”, no el futbol de los Picapiedra: primario, rupestre, champulón, desaliñado y jugado con pedruscos a guisa de pelota. Que un equipo de tales características sea campeón no prueba su excelencia intrínseca, sino la mediocridad de sus rivales.

Toda la escuela de Pinto reposa sobre la paranoia y el miedo

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