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¡Asqueroso!

Me pregunto: ¿no fui yo también, en tanto que seguidor del Mundial, cómplice pasivo de algunas inmundicias?

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FOTO: AP

¿Qué lamentar, en Brasil 2014? En el orden social, las fricciones populares motivadas por el gigantismo económico, infraestructural y mercadotécnico, inconcebible en una nación afecta por tales índices de miseria. Siete obreros murieron en el frenético accellerando final que la falta de previsión provocó, durante la construcción de los estadios.

A golpe de tambor, tal los esclavos en las galeras romanas, trabajando día y noche, perdieron la vida, para que el mundo pudiese disfrutar su kermesse futbolística cuatrienal. Nadie recuerda sus nombres, no se les rindió homenaje alguno. Fueron barridos bajo la alfombra, a fin de no ensombrecer la fiesta. Monstruoso, inaceptable, violatorio de los derechos humanos. Un crimen de lesa humanidad. Techos que se desplomaban, muros que colapsaban, obreros que caían desde alturas inusitadas…

En materia de seguridad laboral, Brasil 2014 nos retrotrajo al inicio de la Revolución Industrial. Cada estadio debería llevar el nombre de alguna de las víctimas que perecieron en su construcción. Quienes concurrieron a los partidos, alzaron trofeos y celebraron goles, deben recordar que lo hicieron sobre 7 cadáveres cuyos nombres fueron mantenidos en infame anonimato. Un pretium doloris demasiado alto para cualquier evento deportivo, por prestigioso que sea.

Por otra parte, la FIFA retorció la constitución del país para que se permitiera el consumo de cerveza en los estadios, al amparo de la “Ley Budweiser”. La venta de alcohol en los recintos deportivos estaba rigurosamente prohibida desde 2003. Pero Budweiser -uno de los principales patrocinadores de la FIFA- ahogó a la afición en un océano de fermento.

Los intereses comerciales privados de una fábrica de guaro prevalecieron sobre un parlamento. Con su habitual tono autocrático, la FIFA declaró: “El alcohol es parte de la Copa del Mundo, así que ahí estará. Disculpen que parezcamos un poco arrogantes, pero no vamos a negociar”.

La Presidenta Rousseff ratificó la ley que permite volver a vender cerveza en los estadios, contra la voluntad del Ministerio de Salud. En un cónclave celebrado en Brasilia, ejecutivos de Budweiser persuadieron al gobierno de aplazar el aumento del impuesto al alcohol hasta después del Mundial.

Las asociaciones médicas protestaron en vano contra el servilismo del gobierno ante la FIFA: “nos preocupa que se inculque en los niños esa relación automática entre futbol y alcohol”. Nada se pudo hacer. La FIFA es plenipotenciaria.

Luego me pregunto: ¿no fui yo también, en tanto que seguidor del evento, cómplice pasivo de toda esta inmundicia? Y francamente, amigos, siento que me pesa el alma.

Siete obreros murieron durante la construcción de los estadios

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