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Cuando el futbol es poesía

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Tenía una pierna 5 centímetros más corta que la otra. Sufría de poliomielitis. La columna vertebral torcida. Los pies vueltos hacia adentro, no caminó hasta ser sometido a cirugía correctiva. Asimétrico, endeble, discapacitado. En una familia obrera, criado en la miseria. El preparador físico de la Verdeamarela lo evaluó, se acarició la barba doctoral, y sentenció sapientemente: “No tiene condiciones físicas ni intelectuales para ningún deporte colectivo”. El técnico Feola, persistió, guiado por intuición certerísima, en llevarlo al mundial de Suecia 1958. Lo demás es leyenda. Votado por la FIFA el cuarto mejor jugador de la historia, estrella incuestionable en Chile 1962, y por consenso universal - cosa rarísima en el futbol- ungido el mejor puntero derecho de todos los tiempos.

Así que se equivocó, el profesor. No le haré el homenaje de consignar su nombre. Bien merecido tiene el olvido. En cambio, el muchacho “desprovisto de condiciones físicas e intelectuales” se convirtió en… pues sí, ustedes saben: Garrincha. Sinónimo de inspiración, creatividad, fantasía, capacidad improvisatoria, destrezas inconcebibles. ¿Ángel, demonio? No lo sé. Su futbol tenía algo sobrenatural. Jugaba con poesía, belleza, virtuosismo: trascendía lo deportivo: era un verdadero artista. Investíguenlo, amigos, no se limiten a ver las dos o tres jugadas que figuran en los resúmenes “oficiales” de los campeonatos (los desbordes que provocaron los goles “gemelos” de Vavá contra Suecia, la extensa, sinuosa filigrana que prepara el gol de cabeza de Amarildo contra España). Vayan más allá. Busquen en Google “Garrincha 1962”, y verán a lo que me refiero.

Mané hizo lo propio de los grandes: transformar sus debilidades en fortalezas. Usó su cuerpo retorcido para crear los más imprevisibles, insólitos, inéditos regates. Imposible de marcar. Desquiciante. Vertiginoso. Los defensas, a su paso, quedaban perplejos, congelados ante sus caracoleos, sus túneles, sus fantásticas coreografías. ¡Esto, amigos, era el futbol creativo, inmortal, el que hemos olvidado!

Garrincha, “la alegría del pueblo”. La vida no le deparó más que tragedia y limitaciones. Él las convirtió en belleza, felicidad, y se la devolvió al mundo. El destino le daba fango, y el avezado alquimista lo transmutaba en oro. Es que nunca somos tan poderosos, tan temibles, tan capaces de revertir los diagnósticos, como cuando el mundo deja de creer en nosotros. ¡Qué bello, pero qué bello puede ser el futbol! ¡Gracias, Mané, por todo tu dolor, por los poemas que dibujaste sobre el verde lienzo donde te prodigaste, generoso, encendido en amor!

¡Gracias, Mané, por todo tu dolor, por los poemas que dibujaste¡

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