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Futbol profiláctico

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Nuestro futbol ha tenido tres épocas de oro. Páginas épicas. La generación de los “chaparritos de oro”, 1956. El cuadro de Milutinovic que, en Italia 1990, calificó a octavos de final, derrotando a Escocia y Suecia. De la tercera se habla menos. El futbol es amnésico, ingrato, y, en su afán de vivir del día a día, carece de espíritu de historicidad.

Esa gran selección fue la que participó, bajo la dirección de Guima, en el Campeonato Mundial Corea y Japón, 2002. La de Gómez, Wanchope, Wright y Parks. Equipo más incisivo que el de Italia 1990, pese a que no superó la primera fase eliminatoria.

Fueron años de plenitud. El lugar más alto que la FIFA nos ha asignado: 17. Superamos la hexagonal clasificatoria con 23 puntos en 10 partidos. Perpetramos el “aztecazo”. Nunca -óigase bien- selección alguna del área calificó a un mundial con record tan fulgurante. Quedamos por encima de México y los Estados Unidos. Los bailamos, derrochando talento y sagacidad futbolística. Fuimos una potencia.

Nos tocó el grupo más difícil: el campeón (el Brasil de Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho), y el tercer lugar, una aguerrida Turquía. Con un futbol mucho más propositivo, audaz, y agresivo que el que exhibimos en Italia 1990. ¿Más imprudente también? Quizás, pero yo prefiero perder jugando primus inter pares con los grandes, que ganar mezquinamente. Vencimos a China 2-0 (error: no haber goleado a rival tan débil). Empatamos con Turquía 1-1, y perdimos con Brasil 5-2, en el mejor partido del mundial. Aún con el marcador 3-2, clasificábamos. Pero el equipo no se atrincheró. Jugó intrépidamente. Abofeteamos a Brasil, y si no le hicimos más goles, ello fue por nuestra endémica falta de definición ad portas.

En cambio, ¡qué vergüenza, el Costa Rica-Brasil de 1990: ni un pinche tiro a marco: Gabelo, solito, evitó la goleada! El de 2002 ha sido nuestro mejor cuadro. La historia no le ha dado su lugar. Jamás hubiéramos sostenido el 3-2 que nos clasificaba: Brasil era un cuadro fenomenal. Wallace subía por la banda, y dejaba su franja desguarnecida. El técnico Scolari explotó esta debilidad. Brasil enhebró todos sus goles por la izquierda: Ronaldo, Edmilson, Rivaldo, Junior... todos. Perdimos, pero jugando bellamente.

Hoy somos nuestra propia sombra. México y Estados Unidos nos sobrevuelan por kilómetros. Hemos perdido señorío, vencemos pero no convencemos... Meter el golcito (¡contra Belice!) y correr a cuidarlo como si en ello nos fuera la vida. Jugamos amedrentados, encogidos, bajo el trauma del gol tardío que nos descalificó para el 2010. Futbol profiláctico: eso es lo que practicamos.

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