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Magníficos

¿Ingeniería o naturaleza?

Cristiano Ronaldo es disciplina, trabajo, voluntad. Lionel Messi, una fuerza de la naturaleza.

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Comenzó el tsunami mediático. La eterna querella: ¿quién será deificado por la FIFA este año: CR7 o Messi? La colisión futbolística del siglo. Un antagonismo manufacturado. Es preciso idolatrar a uno y odiar al otro ¿no es cierto?

Dos balones de oro para CR7, cuatro para el más escurridizo duende del futbol mundial. CR7 marca tripletes como Pavarotti pegaba los Do de pecho en “La hija del regimiento”. Por su parte, Messi podría hacer series con el planeta, si quisiese. Ambas, criaturas monstruosas: la aterradora belleza de lo fenomenal.

CR7 es disciplina, trabajo, voluntad. Messi, una fuerza de la naturaleza. Comparar el prodigio de ingeniería de una represa hidroeléctrica con las cataratas del Iguazú. El portugués es factura humana, suma de destrezas arduamente adquiridas. El argentino juega como un guepardo surca la pradera: ¡el águila no elige planear a 7 kilómetros de altura: tal es su hábitat!

CR7 tiraniza los últimos 20 metros. Más recio, mejor cabeceador, más seguro en los penales, más apto para el contragolpe. Messi pertenece a otra taxonomía futbolística. Un jugador estrictamente inclasificable. ¿Delantero, mediocampista de enganche? Imposible determinarlo.

Otro tanto cabria decir de Pelé, Zico, Cruyff o Maradona. Volantes con vocación de delanteros, o delanteros con capacidad de construcción en el mediocampo. Especie ambigua, híbrida. Si Pelé marcó 1.281 goles, con seguridad sirvió igual cantidad.

CR7 es la determinación, el músculo del alma -¡tanto más potente que los del cuerpo!-, y una cualidad rara en los cañoneros: elegancia. Una elegancia fría, señorial, calculada. Messi es la latinidad, la inspiración, el gozo de la improvisación: más músico que futbolista.

Triste cosa, tener que escoger. ¿Por qué no disfrutar de lo que ambos nos ofrecen? Estamos en presencia de talentos inconmensurables (no hay unidad de mesura común, para cuantificar su excelencia).

Messi no compite ya contra sus colegas. Compite contra su versión 2008-2012. Trágico, porque es un fulgor que no logrará superar. Gabo publicó 37 obras maestras después de “Cien años de soledad”: luego de semejante opus, todo fue injustamente declarado derivativo. Messi no ha declinado: ha pasado de ser un cometa -por definición, solo- a un jugador cooperativo. Sirve más balones, juega para el equipo. El bípedo más habilidoso e impredecible sobre la faz de la tierra. Pero créanme: tampoco desdeñaría a CR7, si fuese técnico.

La FIFA debería dividir su balón de oro entre ambas estrellas. ¿Dos reyes? Si la historia nos ha dado triunviratos, ¿por qué no considerar un duunvirato? Cualquier otra decisión me parece injusta.

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