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Derecho de respuesta

Jacques Sagot: Nueve puntos sobre nueve íes

No soy yo, quien juega a ser Beethoven. Él era alemán, yo costarricense. Es usted quien juega a ser Mourinho: un portugués que vive en Londres y no tiene la menor idea de dónde queda Tibás.

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1. Un pianista no puede “desafinar”. Lo que puede estar desafinado es el instrumento, no quien lo toca. Decir que un pianista desafine es como afirmar que un técnico falle penales: ¡él no está en contacto con el balón!

2. El Palacio Garnier es un teatro de ópera: jamás ha tocado en él pianista alguno, y no ciertamente quien esto escribe.

3. Con voz trémula, ojos arrasados por las lágrimas, y la garganta estrangulada por indecible emoción, el señor Campos entona “La Patriótica”: ¡digno de Maria Callas! ¿Qué tiene que ver “La Patriótica” con el hecho de que él insulte a un jugador en el momento en que pasa frente a su banca? ¿Qué tienen que ver “los goces de Europa” con esta chanfaina? Me he devanado los sesos sin lograr establecer la relación. A buen seguro, ha de tratarse de una conexión demasiado profunda para mis entendederas.

4. Cuando me refiero a Mourinho como “un agricultor abocado al cultivo de la cizaña”, el énfasis de la frase está en la naturaleza del producto, no en la función del sembrador. Siento un profundo respeto por la figura del agricultor. ¿Cómo no admirar al hombre o mujer que cultiva la tierra y la hace fructificar? Soy descendiente de agricultores y, por lo demás, no hay ser humano en el mundo que no proceda de las culturas sedentarias que comenzaron a labrar la tierra y generaron eso que llamamos “civilización”.

5. Si en efecto el señor Campos “no envidia los goces de Europa”, ¿para qué importar e imponerle a nuestra afición el “modelo Mourinho”, de factura eminentemente portuguesa, y eficacia mercadotécnica probada en Europa? ¿En qué diferiría ello de construir una Torre Eiffel al lado del Estadio Saprissa, o una réplica del Big Ben junto al Morera Soto? Hay un nombre para esto: cultura Kitsch: lo espurio, lo trasplantado, lo descontextualizado.

6. La envidia es, por definición, un anti-valor (la expresión “tener envidia de la buena” es una contradicción en los términos). A Europa no hay que envidiarla. ¿Qué hacer entonces? Aprender lo que puede enseñarnos, y no reproducir aquellas cosas en las que erró (el expansionismo militar, el colonialismo, el nazismo). Eso es todo. No se trata de “envidiar” -sentimiento inherentemente negativo- sino de absorber lo que sea nutritivo, y rechazar lo que probó ser históricamente tóxico.

7. Tanto respeto me merece el aficionado al deporte, que pronto publicaré un libro titulado “Los registros imaginarios del futbol”. Ahí verá el señor Campos con cuanta deferencia abordo a quienes aman el deporte. Les ofrezco lo mejor de mi pensamiento. No los subestimo, no los halago o encanfino con bravatas de barriada, provocaciones y faranduleos destinados a la promoción de la propia imagen: ¡eso sí es insultar al aficionado! ¡Asumir que no es capaz de vivir el deporte desde una perspectiva más noble!

8. Es con evidente preocupación que el señor Campos enfatiza ser autor de su texto. Curioso, muy curioso... Nadie, jamás, hubiera puesto en duda tal cosa, ¿no es cierto? Es innecesario, por lo tanto, puntualizar: “Concluyo manifestando que yo mismo escribí esta columna”. En primer lugar, no “concluye”: inserta la aclaración en mitad de la columna, y después sigue desarrollando sus falacias. No es, por lo tanto, una “conclusión” (esa debería ir al final). En segundo lugar, ¿quién se tomaría el trabajo de subrayar el hecho de ser autor de un escrito, si efectivamente lo fuese? ¿Va la gente por la calle, insistiendo en que la cara que tienen es su verdadero rostro, y no un antifaz?

9. De nuevo, no veo cuál es la razón de desgarrarse las vestiduras, impostar la voz, desangrarse públicamente, e inmolarse en la bandera de Costa Rica cantando la “ Patriótica”, en una polémica en la que Europa no tiene absolutamente nada qué ver. El truco más viejo, cursi y manipulativo, en el manual “Sea popular en una semana”. Barata manera de “ganarse a la gente”... creyendo que es tonta. ¿Quién subestima a quién? Unos violincitos al fondo, y tenemos un folletín hollywoodense. No soy yo, quien juega a ser Beethoven. Él era alemán, yo costarricense. Es usted quien juega a ser Mourinho: un portugués que vive en Londres y no tiene la menor idea de dónde queda Tibás.

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