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Columna de opinión

¡Cuidado, cuidado, cuidado!

Si los estadounidenses nos trataron con falta de caballerosidad, nosotros no les vamos a responder como patanes.

No juguemos con sangre en el ojo, porque eso nos va a ofuscar. No hagamos del p artido una “venganza”. Las “vendettas” están bien para las óperas italianas y las familias gangsteriles del Chicago de los años treintas. No entremos a la cancha a “saldar cuentas”. Interpelo aquí al psicólogo de nuestra Selección (pues, no me cabe duda, debemos de tenerlo, y a buen seguro ha de tratarse de un sagaz, experimentado profesional).

Si los estadounidenses nos trataron con falta de caballerosidad, nosotros no les vamos a responder como patanes. Vamos, por el contrario, de conformidad con nuestra tradición de civilidad, de armonía, de paz, a tratarlos como reyes. A darles una lección en nuestros propios términos. No vamos a insultarlos en el estadio, a agredirlos verbalmente, y nuestros muchachos van a jugarles con carácter y reciedumbre, pero sin malignidad.

En el futbol, como en cualquier deporte, “el que se enoja pierde”. Debemos lograr algo supremamente difícil: jugar con el corazón (las vísceras, la sangre), movilizar todas las potencias de la voluntad… pero mantener la mente fría. Pasión dentro del control. Control dentro de la pasión. Si no se sienten ustedes capaces de hacerlo, mejor harían en no salir a la cancha.

No cuenten con que el árbitro vaya a sacarse un penal “resarcitorio”, una especie de indemnización, de compensación moral por la atrocidad de Denver. Eso no va a suceder. Estados Unidos es, junto a México, el país en el que se venden más camisetas Adidas. Ténganlo por seguro: la FIFA jamás va a conspirar contra semejante mercado: no nos van a favorecer. Ganaremos sin la connivencia de nadie, por nuestros propios medios, y en buena lid. No vamos a entrar al planchetazo, a pasar factura a nadie, a “ajusticiar” al rival. Lo único que tenemos que hacer es jugar al futbol. Con convicción, espíritu de guerreros indoblegables, pero con auto-control y disciplina sobre nuestras emociones.

No seremos esclavos de nuestra adrenalina, de nuestros humores. Y no amigos, no los llamemos, despectivamente “gringos”: no está bien: el término es derogatorio, grosero. Son, simplemente, once hombres que, como nosotros, quieren ir al Mundial: eso es todo. Les daremos una lección en hospitalidad, en fair play, en nobleza deportiva. Ese sería un triunfo tan valioso como una goleada.

Cito a Platón: “Es mil veces preferible padecer, que cometer la injusticia”. Ya ellos nos infligieron la injusticia, y con ello se degradaron moralmente. Nosotros no vamos a imitarlos. Este partido tenemos que ganarlo en dos frentes: el deportivo y también en el ético. Por favor, compañeros, no descuidemos el segundo.

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