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¡Cómo nos gusta, la pelea de gallos!

Necesitamos fabricar grandes binomios del odio. Nos gusta la pugna. Nos alimentamos de ella: parte de nuestra dieta básica.

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Eso somos los ticos. Afectos del “síndrome de la pelea de gallos”. Necesitamos fabricar grandes binomios del odio. Nos gusta la pugna. Nos alimentamos de ella: parte de nuestra dieta básica. Una adicción. En deporte, política, al comparar artistas o figuras mediáticas. Nos excita mórbidamente poner a la gente a pelear. ¿Márquez o Borges? ¿Alí o Frazier? ¿Pelé o Maradona? ¿Messi o Ronaldo? ¿Brittney Spears o Cristina Aguilera? ¿Saprissa o La Liga? ¿Mambo o Daniels? ¿Coca-cola o Pepsi?

¿Será que estas configuraciones binarias generan en nosotros la ilusión de la libertad: un menú ilimitado de opciones para escoger, participar en la producción de cultura -tomada esta en su más amplio sentido-, en los grandes procesos democráticos, de tener, en fin, una voz, en un mundo en el que nos sentimos desoídos, ignorados, “mostacilla” en el juego de la historia? Entonces hacemos oír nuestras vocecitas torciendo por uno u otro de los miembros del binomio. Nuestra manera de asentar una identidad, de decir: “esto soy yo”. Me defino por aquello a lo que le doy mi voto.

La pelea de gallos del momento: Pemberton y Navas. Es lo último que estos dos grandes deportistas querrían. A ellos no les interesa que los comparen, como si de electrodomésticos se tratasen. Somos nosotros, los alborotadores, los peloteros, los instigadores. ¡Cómo nos gusta pelear por interpósita mano, que otros se den los golpes, y nosotros, espectadores, limitándonos a hacer barra, a alzar o bajar el pulgar, como César ante los gladiadores.

Navas está volando, en España. Pemberton tuvo una mala noche contra Chile, y provocó 2 de las 4 anotaciones, en la ducha de cuero que recibimos el 21 de enero pasado. Las redes sociales se llenan de mensajes de odio o devoción exorbitados: ¡Navas o Pemberton! ¡Deshonor a uno, gloria eterna al otro! Tranquilos, amigos. Ambos son deportistas extraordinarios. Si hay un rubro en nuestra selección que no me preocupa, es el de los arqueros. ¿Que las musas desertaron a Pemberton? ¡Con mayor razón, se esforzará por volver a seducirlas! ¿Qué Navas goza al día de hoy del favor de las musas? Son criaturas volanderas e impredecibles… El día menos pensado podrían darle la espalda. Debemos apoyarlos a ambos. El portero: la posición más solitaria en el terreno de juego, el único que no tiene derecho a equivocarse. Según la leyenda, el pasto no vuelve a crecer, bajo los pies del que haya tenido una mala actuación.

No creemos una fricción ahí donde no la hay. Que ambos colegas se apoyen y retroalimenten recíprocamente. Es mucho lo que pueden aprender uno de otro.

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