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MAGNÍFICOS

¡Esto es fair play!

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Campeonato Mundial Francia 1998. Estadio Félix Bollaert, en Lens. 41.000 espectadores. Octavos de final. Juega el anfitrión contra un equipo paraguayo poco sofisticado ¡pero tan aguerrido! Fin de los 90 minutos. No hay goles. Tiempos extra. La “muerte súbita”. Francia carga y carga sobre el rival. Los paraguayos, que se saben técnicamente inferiores, se limitan a escampar el aguacero de balones, y apuestan a los dramáticos y siempre aleatorios “tiros de penal”.

Primer tiempo suplementario: 0-0. Segundo tiempo de alargue, aún 0-0. Una de las últimas posesiones del balón para Francia… ¡hay que mandar la bola al área! Ya el árbitro mira el cronómetro. En ese momento se desploma un jugador paraguayo. El hueso ha crujido, la lesión es seria. Es evidente que los guaraníes no están “perdiendo tiempo”. Francia pudo haber ignorado la lesión… lanzar ese balón postrero con la desesperada intención de que alguien -quienquiera que fuese- cabeceara. Todo el equipo francés, todo el equipo paraguayo, hormigueando dentro del mismo rectángulo. Pero el jugador lesionado se revuelca de dolor. Laurent Blanc se acerca a él. De inmediato llama a los camilleros. Dispara la pelota sobre la gradería y suspende con ello el partido. No lo duda ni por un instante.

Al diablo con el campeonato: un compañero estaba sufriendo: nada podía ser más importante que atenderlo. Era el gesto con el cual Francia se resignaba a la equipotencial, impredecible tanda de penales. Sacan al jugador lesionado. Los paraguayos le devuelven por cortesía la bola a los franceses. Centro al área, ¿buscando ya qué? Cualquier cosa. ¡Y “cualquier cosa” pasó! Gol de Francia: precisamente, Laurent Blanc. El primer “gol de oro” en la historia de los campeonatos mundiales, la anotación con la que acababa, ipso facto, el partido: minuto 114. Lo que los americanos llaman, hermosamente, “justicia poética”. No habrá penales: Francia está en cuartos de final.

Algunos paraguayos se echan a llorar. El portero Chilavert corre a levantarlos y darles ánimo. Ahí estuve yo: vi todo aquello estremecido. ¡Puede ser tan bello, el futbol! La copa: un mero símbolo; el dolor: una realidad. Su primacía ni por un momento cuestionada. Al diantre con los símbolos. Escoger la realidad por sobre el juego también es, a su vez, parte de ese juego que llamamos Vida. El Juego. Acaso el único que cuenta. La hidalguía de Laurent Blanc.

El hombre que corre al rescate del hombre. Fair play no solo significa juego limpio, sino, sobre todo, justo, correcto, noble, ético. Por debajo de los uniformes corre la misma sangre.

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