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Buenas noches, dulce príncipe

Alzo mi copa por el inmenso Di Stefano. Saeta, galgo, lince, gacela, águila…

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FOTO: EFE

La cultura del futbol padece un serio problema. Su falta de historicidad. Su miope contemporanismo. En otras palabras, su amnesia. Sólo le interesa lo que sucede hoy. No tiene noción de archivo, de documento. Los estudiosos del futbol no se han aproximado a él con una actitud museográfica. No saben preservar, atesorar, custodiar: viven del aquí y el ahora: ¿el pasado? Ese no vende, por lo tanto nadie se ocupa de él.

Esta falta de perspectiva genera la aberración óptica consistente en creer que lo que tenemos más cerca es siempre más grande. La ilusión en que caemos al ver nuestra nariz: en virtud de su inminencia, nos dará la impresión de ser más grande que el Aconcagua. Es, justamente, lo que significa la expresión “no ver más allá de nuestras narices”.

Hoy por hoy, el “sabor del mes” es Messi. Antes que él, en un linaje fácil de establecer, lo fueron Ronaldinho, Zidane, Ronaldo, Romario, Maradona, Platini, Kempes, Beckenbauer, Cruyff, Pelé, Garrincha y Di Stefano. ¿Cuántos de nosotros hemos soñado con la quimera de un museo del futbol? ¿Un inmenso banco de documentos en el tuviésemos acceso a los goles y jugadas “de museo” que nuestro deporte nos ha deparado? La Federación Internacional de Historia y Estadística del Futbol no pasa de ser un árido repertorio de cifras y fechas.

Pues bien, amigos, si existiese tal museo, hemos de saber que esta semana el mundo perdió a un hombre que por sí solo hubiera ocupado una sala entera de la galería. Di Stefano, el cirio que todos queríamos perenne, se extinguió. El más rápido y habilidoso bípedo del planeta durante los cincuentas, consolidó la leyenda del Real Madrid, ganando cinco veces consecutivas la Champions. La pugna en que se trenzaron merengues y culés por su ficha dio origen a la feroz rivalidad entre ambos equipos. Jamás hombre alguno polarizó de tal manera el futbol del mundo entero.

Jugó en Costa Rica, el 15 de agosto de 1961, en el Estadio Nacional, contra Saprissa. El Real -que ya venía en declive- se impuso 4-2, con dos goles de la saeta. En nuestro país sabíamos de él por los cortos noticiosos que pasaban en los cines, antes del proverbial western o alguna peliculilla de Tarzán. Di Stefano tuvo la falta de consideración de retirarse antes del inicio de la locura mediática del futbol. Es poco, lo que se preserva de él. Hoy en día podemos ver hasta el momento en que Löw se saca los mocos. ¡Ah, cosas de la vida!

Alzo mi copa por el inmenso Di Stefano. Saeta, galgo, lince, gacela, águila… Pero por encima de todo, un aristócrata del futbol, no el tipo de pachuquillo glorificado que abunda en nuestros días.

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