Publicidad

Magníficos

El jugador-mercancía

La línea demarcadora que -bien establecida por Montaigne- separaba la esfera de lo público de lo privado, tendiendo a difuminarse.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

El jugador mercancía, exhibido en su planetaria vitrina, en su pasarela mundial -dentro y fuera del terreno de juego. La línea demarcadora que -bien establecida por Montaigne- separaba la esfera de lo público de lo privado, tendiendo a difuminarse. El futbol que mimetiza el modelo bursátil: valores que suben, valores que bajan, inestabilidad por doquier, jugadores que pasan de mano en mano -y pierden con ello su principio mismo de identidad-, todo se ha hecho tan volátil, por doquier percibimos tal sentimiento de desarraigo, de falta de filiación…

Pelé jugó con dos equipos a lo largo de su longeva carrera: el Santos y el Cosmos de Nueva York, a guisa de epílogo para una trayectoria ejemplar. Beckenbauer era emblema del Bayern Munich, se regaló un par de años sabáticos en el Cosmos -a instancias de su amigo Pelé- y jugó tres temporadas con el Hamburgo: tal fue su itinerario futbolístico. Ya Maradona pasó por Argentinos Juniors, Boca Juniors, Barcelona, Nápoles, Sevilla y Newell´s.

El nomadismo deportivo se agudiza en años recientes: Asprilla y Anelka han jugado en 12 clubs, Keane en 13, y el portero alemán Lutz Pfannenstiel en 26, pasando por 5 continentes. Los equipos juegan ricochet con sus jugadores, los traspasan, transfieren, canjean. La noción de lealtad a una institución, de pertenencia a una comunidad o de emblema de un cuadro deviene anacrónica. Pero aun: muchos la juzgarán remanente de una sensiblería y un lirismo antañones.

Uno dice “Di Stefano” y el nombre nos remite, inmediatamente, al Real Madrid. Quienes conozcan un poquito más sobre su carrera, sabrán que también militó en Millonarios de Colombia, y, en la alborada de su carrera, el River Plate y el Huracán. ¿Puskas? Real Madrid. ¿Garrincha? Botafogo. ¿Rivelino? Corinthians y Fluminense. ¿Eusebio? Benfica. ¿Cruyff? Ajax y Barça. ¿Vogts? Mönchengladbach. Tal no es el caso, hoy en día. El futbolista se ha convertido en una criatura trashumante, descepada, en estado de permanente deportación. Objeto pasivo de las fluctuaciones del mercado, un valor flotante, en un sistema bursátil que deriva toda su fuerza, precisamente, de la inestabilidad. Ello por mencionar tan solo una de las patologías de nuestro querido deporte, que no puede sustraerse a los diktats del modelo capitalista que lo auspicia y, a la vez, explota.

¿Defender una camiseta? Los futbolistas-vedettes-mercancías no se defienden más que a sí mismos, no responden más que a sus agentes, no representan más que lo que Adidas, Nike o la Coca Cola quieran que representen. No los juzgo: todos estamos en el mismo juego, ¿no es cierto?

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Sondeo ¡Participe!

¿Marcará diferencia la ventaja deportiva en las semifinales del Torneo de Invierno?

Ver resultados

Publicidad