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Opinión

¡No enseñemos la baraja!

Es que nada hay peor, amigos, que el marbete de “predilecto”. Revisen la historia: rara vez el cuadro que se perfilaba campeón logró el cetro.

En el mundial 2002, tres equipos llegaron con la rúbrica estampada, en altorrelieve, sobre sus frentes: “seremos campeones”. Se habían decantado sobre sus adversarios con una superioridad teórica como jamás se había visto.

Todo se reducía a saber cuál prevalecería. No se daba un centavo por nadie más. Francia (campeón mundial y monarca europeo, con Zidane y sus aguerridos paladines). Argentina (demoledora en el proceso eliminatorio: Batistuta, Verón, Crespo, Simeone, Caniggia, Aimar). Portugal de Figo, Deco, Pauleta, y un joven pero ya consolidado Cristiano Ronaldo.

Todos fumigados en primera ronda. Francia sin marcar un solo gol. Argentina firmó su peor mundial desde 1958, cuando recibió una ducha de cuero de 6-1 contra Checoslovaquia.

Portugal ni siquiera vio venir el tsunami: después de media hora contra Estados Unidos ya perdía 3-0. Mucha fanfarria, alfombras rojas, luces de neón… Y los tres de vuelta a casa, a ver, desde los sofás de sus salas, cómo Brasil (¡que por una vez no llegaba de favorito!) ganaba la copa con Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho riendo en su parque de diversiones.

Es que nada hay peor, amigos, que el marbete de “predilecto”. Revisen la historia: rara vez el cuadro que se perfilaba campeón logró el cetro.

Todo equipo que juegue sobre un escaparate, en una vitrina, en una pasarela planetaria, será estudiado, descifrado, anulado. Un fenómeno de sobre-exposición. Me quedo con los equipos taimados, que llegan calladitos, con sus “gallos tapados”, jugadores que no han sido examinados hasta en sus menores manierismos. Nosotros conocemos a Balotelli, Rooney, Cavani.

Los vemos jugar todos los fines de semana. Sabemos de qué lado desbordan, cuándo pican, en qué instancias son peligrosos, qué destrezas específicas debemos contrarrestar. ¡No vamos a ofrecer espacios para las explosivas galopadas de Rooney con balones de profundidad! Ellos, en cambio, apenas nos conocen a nosotros.

El futbol se ha convertido en una guerra de atisbadores, espías, satélites. Un deporte panóptico. Ganará el que más vea… y menos se deje ver. Inmensurable ventaja para nosotros. Yo no sobre-expondría a la Selección, en los meses que se avecinan.

Hodgson, técnico de Inglaterra, se limitó a decir: “me cuenta mi amigo Klinsmann que Costa Rica es dura… Es todo lo que sé”. Eso les da una idea, amigos, del misérrimo conocimiento que tiene de nuestras piezas.

Sigamos escondiditos, dejemos que los “favoritos” se ahoguen bajo el peso que conlleva su estatus, y nosotros observemos, tomemos nota… Y asestemos el zarpazo cuando los grandulones menos lo esperen.

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