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Magníficos

¡Qué vergüenza, Saprissa!

No me gusta Jeaustin Campos. A decir verdad, me molesta el mero hecho de consignar su nombre.

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Nunca consideré a Ronald González primus inter pares de Rinus Michels, Alex Ferguson o Jupp Heynckess, entre los mejores técnicos de los tiempos modernos. Pero siquiera era un caballero, hombre prudente y comedido. Bonhomía, discreción. Siempre dispuesto a reconocer el mérito de los rivales que lo sobrepujaban. Y le dio a Saprissa un campeonato que, después de siete justas estériles, necesitaba con la desesperación del náufrago que, en mitad del océano, avizora la más cercana barrica.

No me gusta Jeaustin Campos. A decir verdad, me molesta el mero hecho de consignar su nombre, y contribuir con ello a la notoriedad que tan obscenamente codicia. Especie de Mouriñito folclórico, criollo y tibaseño. Mourinho: un nombre alternativo para la discordia, la disonancia, la disputa, en suma, todo cuanto comienza con el prefijo “dis”.

Criatura inarmónica, chillona, un agricultor… abocado al monocultivo de la cizaña. Malquistó a Pepe y Varane, a Casillas y López, a CR7 con el resto del equipo: implacable engranaje de la intriga y el cuchicheo… que se tradujo en la más decolorada versión del Real de que guardo memoria. ¡Pero atención: su actitud no hubiera sido menos reprensible con doce títulos en ristra!

Camorrero, sin clase, prima dona mediática, emblema mismo de esa moderna aberración que es el director técnico - vedette (tal figura no existía hace quince años), el nuevo técnico del Saprissa pareciese escogido justamente para subrayar la mala reputación del cuadro como equipo antonomásico de los pachucos.

No me gusta don Justino, no. Mezcla a parte iguales de pachuco y de polo, debería ser designado como “pachulo”, término que sintetizaría ambas nociones.

Provocador gratuito, robador de cámaras, tipo de personaje que genera titulares por lo que dice, más que por lo que hace, Saprissa se ha asegurado, con este nombramiento, presencia mediática en Combate, Dancing with the stars, Intrusos de la farándula… todos esos espacios que tan loablemente “ennoblecen” y “dignifican” nuestra cultura. Sus codificados insultos a Palacios, sus calculados desplantes y fanfarronadas… Sí, sí: desde el punto de vista del marketing, una buena decisión.

Dada esta configuración de anti-valores éticos, no me importa que el señor en cuestión le depare a Saprissa el campeonato mundial de clubes. Creo que en la elección de un técnico deben ponderarse rasgos humanos que van más allá de sus meras destrezas profesionales. Campos le quita al Saprissa algo que necesita perentoriamente: lustre, aristocracia, hidalguía deportiva. La derrota no será futbolística, sino moral y humana: el enfangamiento de la imagen. Simplemente, impresentable.

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