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MAGNÍFICOS

Pongamos los pies en la tierra

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Seamos muy fácticos. Las cosas son así: se juega la Uncaf. ¿Los rivales? Belice, 167 en el ranking de la FIFA. Nicaragua, 145. El Salvador, 103. Guatemala, 87. Honduras, 56. Panamá, 46. El sótano del futbol mundial. No precisamente Brasil, España o Argentina. Lejos de ello.

El Salvador: 2 mundiales (México 1970 y España 1982). En ambos quedó de último, y ostenta el “honor” de la más aparatosa goleada en la historia de este certamen: 10-1 contra Hungría. Honduras: 2 mundiales (España 1982 y Sudáfrica 2010). No ha ganado un partido ni pasado de la primera ronda. Ningún otro participante ha sido iniciado en el ámbito mundialista. Además, estamos jugando de locales, con todas las ventajas que ello supone.

De los 11 torneos Uncaf, Costa Rica ha ganado 6 y es el único país centroamericano que ha estado en 3 mundiales (Italia 1990, Corea-Japón 2002 y Alemania 2006) avanzando a octavos de final en el primero de ellos. Somos el equipo con más palmarés en estas lides.

Y aun así, le “ganamos” a Belice -repito: el 167 peor equipo del mundo- por la mínima, a Nicaragua 2-0, y empatamos con Guatemala 1-1. ¡En nuestro terreno! No, no, no, amigos: algo anda aquí muy mal. Decía Borges: “Hay derrotas más dignas que la victoria”. Haber perdido con Brasil 5-2 en 2002 o con Alemania 4-2 en 2006 fueron derrotas dignas. Desafortunadamente, la afirmación simétrica es también cierta: hay “victorias” más indignas que la derrota. ¡Prefiero perder 6-0 contra Brasil que ganarle a Belice 1-0!

“Nos faltó suerte en la definición” -dice Pinto-. ¿Es el futbol un juego de suerte? ¿Dados, lotería, tómbola, bingo? La suerte -sobra decirlo- es un componente constitutivo de la existencia humana. Pero la definición se entrena, practica, ensaya: es una capacidad, una facultad, una competencia, una destreza adquirida.

Definir no es cuestión de “suerte” (¡qué fácil, culpar al aleas, al fatum por nuestra inepcia!) Requiere técnica, pero además integridad psicológica, control sobre los nervios, auto-disciplina, conjurar esa sombra que nos hace fracasar, una y otra vez, cuando el gol parecía inevitable. La oscura fuerza del auto-sabotaje. Todos, en nuestros respectivos campos, lidiamos con ella como podemos.

La expresión popular reza: “arrancar una victoria de la fauces de la derrota”. Nosotros somos especialistas en “arrancar una derrota de las fauces de la victoria”. Maestros de la auto-derrota. El punto no era ganar este torneíllo. El punto es cómo debíamos hacerlo. Y la respuesta era: con solvencia, boyantes, sobrados: ¡no solo vencer, sino convencer!

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