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Magníficos

El Premio Nobel que fue portero

El mundo conmemora el centenario del nacimiento del escritor francés Albert Camus, una de las plumas señeras del siglo XX, Premio Nobel en 1957. Pues bien, amigos, entérense de esto: Camus estaba destinado a una carrera de futbolista.

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Se acabó. De una vez por todas. ¿Qué? El maniqueo, simplista, encasillamiento del intelectual en una celda por un lado, y al deportista en su cancha o cuadrilátero, por el otro. Separados en compartimentos estancos. El “intelectual” a quien le es vedada cualquier cosa que no sea disertar sobre los temas más insondables que sea dable imaginar, y el deportista descerebrado, únicamente bueno para dar puñetazos o patear una bola.

El mundo conmemora el centenario del nacimiento del escritor francés Albert Camus, una de las plumas señeras del siglo XX, Premio Nobel en 1957. Pues bien, amigos, entérense de esto: Camus estaba destinado a una carrera de futbolista. Portero, para más señas. Magnífico atajador, líder natural, ordenaba a su defensa y sabía arengar a sus tropas. Guardavallas del Racing Club de Argel, que años después de su retiro llegó a ser campeón norafricano. ¡Cuán grato habría sido ver a este hombre excepcional alzar un trofeo de tal calibre y consagrarse luego Premio Nobel! ¿Se imaginan lo que esto hubiera significado? ¿Cuántos casos similares podemos mencionar?“Al deporte debo lo poco que sé sobre moral y lealtad. El terreno de juego y el escenario teatral fueron mis verdaderas universidades. Si algo me ha enseñado el futbol, es que la bola nunca llega por donde uno la espera” -fue una de sus más reveladoras reflexiones.

Camus abandonó el futbol prematuramente, debido a la tuberculosis. “He encontrado más integridad en el deporte que en los medios intelectuales en que me he desenvuelto”. Es una apreciación que comprendo. Mil veces más limpio y franco el deporte que los cenáculos literarios donde la territorialidad, el instinto hegemónico y los egos hipertróficos se expresan de manera siniestra. Prefiero el cabezazo de Zidane a Materazzi que las cosas que se infligen, unos a otros, los escritores.

¿Sabían ustedes que Nabokov y Cortázar amaban el futbol y el boxeo? ¿Cocteau los deportes ecuestres? ¿Y que el poeta Cravan desafió al campeón de los pesos completos Jack Johnson en 1915, resistiéndole seis asaltos?

Los futbolistas tienen su tipo de “escritura”. En cinco minutos distinguimos el estilo de Messi del de Pelé o Beckenbauer, como en un párrafo reconocemos a Proust, Cervantes o Borges.

Existe un video en el que vemos a Camus comentar un partido entre el Mónaco y el Racing de París: ¡su erudición futbolística era prodigiosa! Por él alzo hoy mi copa. El inmenso escritor que, lejos de ver en el deporte una actividad para la canalla, supo interpretarlo como una metáfora, una gran alegoría de la vida y la condición humana.

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