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¿Qué es un “clásico”?

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Saprissistas carentes de enzimas morales para digerir su fracaso dicen que la final Heredia-Alajuela “no es un clásico”. Según ellos, sólo es clásico lo que su equipo glorifica con su presencia. ¿Lo demás? Nada. Especies de sub-torneos, de justas de exigua importancia histórica. Todo lo que no sea ellos, es “sub”. Soy saprissista, pero no por eso voy a abocarme a la pueril faena de desdorar el oro.

Los mejores del certamen fueron Heredia y la Liga. ¿Saprissa? Intermitente. Que lo cuelguen de un alambre para realzar el Festival de la Luz: lucecitas que se encienden y se apagan, sin continuidad: un buen partido aquí, otro pésimo allá. Así no se gana un torneo. Así no se logra nada en la vida. Destellos entre tinieblas… el “equipo discomóvil”.

¿Qué es “clásico”? Aquello que representa un nivel máximo de excelencia en un momento dado, y que además goza de tradición, trayectoria, una cristalización en la historia, el aval de un palmarés. Sin pasado no es concebible la noción de “clasicismo”. Así vistas las cosas, la final Heredia-La Liga califica, con todos los honores, como un clásico. ¡Ya lo creo que sí! Pasemos revista a ciertos hechos. La administración de Julio Acosta fue providencial para nuestro futbol. En 1921 se funda la Fedefutbol y se juega el primer campeonato.

En 1924 se inaugura el Estadio Nacional. Nacida en 1919, La Liga es una señora de 93 años. Tiene 27 campeonatos y 47 finales. Fundado en 1921, el Herediano es un venerable anciano de 91 años. En su vitrina, 22 cetros y 34 finales. Se han visto las caras en 8 finales. Doña Liga ganó 7, don Herediano 2. Hasta 1948 el “clásico” fue el choque La Libertad-Herediano. Con el debut de Saprissa (1949), la “gran rivalidad” cambió de colores: morada contra rojinegra. Saprissa ha estado en 43 finales, 27 de ellas contra la Liga.

Pero la colisión florenses-manudos no tiene menor dignidad, ni historia menos egregia. Saprissa es, históricamente, un jovenzuelo, comparado a sus dos rivales. ¿Quién ganará? El que haga más goles -lo que no significa el que mejor juegue, o el que lideró el torneo-. Pero será un clásico con todas las de la ley. ¿Amarga realidad, saprissistas? Pues cómprense estañones de Sal Andrews para refrescarse el hígado, aplíquense calamina en las zonas del alma escocidas, muérdanse solos, tomen Prozac, hagan yoga, yo qué sé, pero no deprecien la gran final a la que no pudieron acceder. Jugamos mal y no merecemos el título.

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