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¡Así no se puede!

Nuestros entrenadores duran, en promedio, año y tres meses.

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La Selección Nacional debutó en 1921. Es una venerable señora de 92 años. En ese lapso hemos tenido -sí, amigos, lo crean o no- un total de 70 técnicos. Nuestros entrenadores duran, en promedio, año y tres meses. ¿Cómo puede hablarse de continuidad, de progreso, cuando cada nuevo técnico tiene que venir a construir ex-nihilo, de la nada, en lugar de apoyarse en la base bien cimentada de su predecesor? El mito de Sísifo: tener que estar empujando la piedra ladera arriba una, y otra, y otra vez.

En las antípodas de esta inestabilidad, de nuestra improvisatoria y errática mentalidad, tenemos el caso de Alemania Occidental. Su selección -la Mannschaft- nació en 1908. En 105 años ha tenido… ¡nueve técnicos! Lo que es más importante: cada uno de ellos era asistente o compañero de equipo del anterior. Herberger, Schön, Derwall, Beckenbauer, Vogts… hasta Low -sagaz estratega que le ha restituido a Alemania el fulgor de sus mejores años- han estado todos vinculados por una relación maestro-discípulo. Un concepto dinástico del saber: la transmisión del conocimiento. Para eso hay varios nombres: tradición, escuela, inteligencia histórica, planificación, responsabilidad, conciencia de linaje, sentido de filiación. Ya lo he dicho: nosotros podemos contratar mañana mismo a Menotti, Zagallo, o Beckenbauer: eso no nos hará campeones mundiales. Porque el problema no solo está en los técnicos. Sucede que no tenemos un programa nacional de escuelas de futbol para niños. No hemos invertido lo suficiente en ligas menores. ¿Qué puede hacer Vicente del Bosque si llega a Costa Rica y se topa con muchachos que no saben controlar un balón, cobrar un penal, desmarcarse, jugar sin pelota, meter una bola de profundidad? Ningún técnico, por eminente que sea, puede enfrentar exitosamente una situación de este jaez. En el futbol, como en el ballet, el piano o la gimnasia, hay ciertas destrezas que deben adquirirse tempranamente, bajo guía rigurosa, en un marco formal, y que no se pueden aprender en la calle, pateando un tarro de Coca-Cola o una naranja podrida a guisa de bola.

Julio Rodríguez se refería en artículo reciente al problema de nuestros técnicos. Con la lucidez y capacidad de diagnóstico que lo caracterizan. ¡Un equipo que estrena técnico cada 15 meses jamás va a progresar! De la historia se aprende. El que reprueba el curso termina en el rincón del aula, debidamente ataviado con las orejitas de burro. Alemania: cada estratega toma el relevo de esa antorcha que se llama experiencia, y que es cedida como un bien patrimonial, una construcción histórica. Tal ha de ser nuestro modelo.

No hemos invertido lo suficiente en ligas menores.

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