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Opinión

¡Metan a Mambo!

Por supuesto que el Mambo debería jugar con la Selección. No hace falta ser Menotti, Guardiola o Rinus Michels para darse cuenta de ello.

Por favor, señor Pinto: llame al Mambo: el país entero se lo pide.

Una cosa es la convicción, la firmeza de carácter, las ideas bien definidas, y otra la psico-rigidez, el pensamiento esclerótico, el espíritu que, llegado a cierta edad, se niega a seguir expandiéndose: se limita a vivir de la grasa intelectual acumulada durante su juventud, tal los osos en período de hibernación. Pinto es incapaz de acoger ideas nuevas, de escuchar lo que la gente dice, de prestar oídos al clamor popular. No es una virtud: es una lamentable forma de ceguera.

Por supuesto que el Mambodebería jugar con la Selección. No hace falta ser Menotti, Guardiola o Rinus Michels para darse cuenta de ello. Cualquiera lo puede constatar.

No solo porque es un gran jugador, y Saborío anda con la mira desajustada, sino porque en el futbol, las duplas ofensivas funcionarán siempre mejor que los jugadores “milpa”, los solitarios, los pobres arietes que deben quedarse allá adelante esperando que les metan bolas de profundidad para salir corriendo (puesto que Saborío no define, y el repertorio ofensivo de Pinto se limita a lanzar pelotazos, ¿por qué no alineamos a Nery Brenes? Corre más que Saborío, y con un poquito de preparación aprendería a controlar balones y llegar al cierre).

Garrincha y Pelé en el Brasil de 1958 y 1962, Seeler y Müller en la Alemania de 1970, Kempes y Luque en Argentina 1978, Kinsmann y Völler en la Alemania de 1990, Romario y Bebeto en el Brasil de 1994, Henry y Trezeguet en Francia 1998.

Cuando se hace con inteligencia -escalándolos, haciéndolos rotar, no clavándolos en el mismo punto del terreno- se puede hacer colaborar a dos jugadores de características muy parecidas (en 1970, Brasil jugó con cuatro números 10).

No pedimos tanto. Simplemente sugerimos que Saborío “baile” con el Mambo. Crear una dinámica de juego fluida, en la que uno de ellos gravite hacia las puntas, el otro ocupe el centro, y luego intercambien roles. ¡Funciona, ya lo creo que funciona! Un equipo puede darse el lujo de jugar con un solo hombre en punta, si es Messi o Ronaldo (y aun en tales casos, el día en que los chicos maravilla estén apagados, la nave naufragará). ¡Pero no si por único rompehielos tenemos a Saborío!

Lo digo con todo respeto: Álvaro es un buen delantero: con los astros a favor hará tres goles, en un mal día botará otros tantos. Más que errático, lo siento desmoralizado y solo, demasiado solo.

Por favor, señor Pinto: llame al Mambo: el país entero se lo pide. En el futbol nada funciona mejor que los binomios, las sociedades ofensivas. Perderemos en profilaxis, en cautela (que de nada nos está sirviendo) y ganaremos en gol.

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