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Arbitraje de potrero

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No es un buen momento para nuestro futbol. Diagnóstico fácil: no hay que ser Menotti para emitirlo. Tuvimos atisbos de gloria: los “Chaparritos de Oro”, el Mundial de 1990 y aun más -pese a no haber superado la primera ronda- el de 2002. Pero arrastramos una década de estancamiento. Correlativamente, el arbitraje vive su propia crisis. No es sorprendente: ambas cosas suelen deteriorarse -o potencializarse- juntas.

Saprissa - La Liga: expulsado el inocente, impune el infractor. Injusticia “al cuadrado”. La Liga - Belén: no se pita el verdadero penal, se sanciona el que jamás fue. ¿Compensación? ¡No se enmienda un error con otro error! Saprissa - San Carlos: gol “navideño” obsequiado a Costa. He ahí los partidos “de alto perfil”. Ya no hablemos de los gazapos arbitrales en partidos “chicos”, esos que no soliviantan a las barras y ponen al país a hablar durante una semana. Yerros aparatosos de apreciación (esos merecen indulgencia), y por desconocimiento mondo y lirondo del reglamento (los imperdonables).

Costa Rica tuvo grandes árbitros. En este deporte malagradecido y amnésico, evoco sus nombres: honor a quien honor merece. Tras la Fedefutbol (1921): Halls, Bougli, Garnier. Luego Saborío, Muñoz, Navarro, Herrera. La década de los cincuentas, dominada por Soto París (pitó en Suramérica, los Juegos Panamericanos). Siles fue nuestro primer mundialista: España 1982. Dos partidos: Brasil-Escocia (4-1): ese no fue difícil, y Polonia-Bélgica (3-0), encuentro ríspido, friccionado. ¡Bravo, señor Siles!

Ulloa fue asistente en la final Argentina-Alemania (3-2) en México 1986: ¡peliaguda colisión: los alemanes alegaron injustificadamente posiciones prohibidas en los goles de Valdano y Burruchaga! En Estados Unidos 1994, Badilla tuvo una actuación discreta: gol en posición adelantada de Romario y no sanción de un penal como el Aconcagua contra el mismo jugador, en el choque Brasil-Holanda (3-2). Después, Torres y Mattus nos han representado con distinción.

¿Qué está pasando? Árbitros sin exposición internacional. Ahogados en la claustrofobia de la domesticidad provinciana, privados de fogueo en grandes ámbitos.

El árbitro no es la principal persona (la gente va a ver a Messi, no a Pierluigi Collina). Pero es la principal función. La única imprescindible. El juez: administrador de la justicia en el campo: ¡vaya responsabilidad! Yo no tengo las soluciones: tan solo señalo lo que, a todas luces, no anda bien. Sí, no se equivocan, señores de la Comisión de Arbitraje: esto es una interpelación, un tirón de orejas.

Saprissa - La Liga: expulsado el inocente, impune el infractor

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