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Magníficos

¡Bienvenidos al paleolítico!

El deporte es una sublimación de nuestros instintos guerreros.

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El deporte es una sublimación de nuestros instintos guerreros. Transforma, elabora, procesa todo cuanto en nosotros pervive de simios territoriales, hegemonistas, sanguinarios. Eleva al plano lúdico y simbólico nuestra sed guerrera. Tal es su mayor título de gloria. En lugar de tirarnos piedras a la cabeza, anotamos goles.

El futbol es una guerra “civilizada”, pauta, legaliza, ritualiza una agresividad que se libra en un espacio acotado: el terreno de juego. No nos engañemos en cuanto a su violencia implícita: un equipo que le mete seis goles a su rival lo está asesinando, ¡pero simbólicamente, y esto es lo importante! La violencia está ahí, pero ha sido transformada en juego. Como tal, el deporte es una de las mejores cosas que ha inventado el ser humano, a fin de no masacrarse a sí mismo.

La jerga del futbol está, toda ella, tomada del imaginario y el léxico de la milicia: “el cañonero”, “el artillero”, “el torpedo” (Müller), “un obús”, “un riflazo”, “un trallazo”, “la patada atómica” (Rivelino), “la saeta rubia” (Di Stéfano), el uso de uniformes e himnos distintivos, los conceptos de estrategia y táctica, las categorías de atacante y retaguardia, de defensa y contragolpe, la figura del “capitán del equipo”, el uso de íconos (blasones y escudos), los cánticos guerreros, la noción de “horadar”, “penetrar” o “infiltrar” la defensa… ¡todo pertenece a la milicia!

Un triunfo supremo de la civilización sobre la barbarie: en lugar de suprimir nuestra agresividad, la elaboramos, la transmutamos.

¡Magnífico! Pero precisamente por esto, amigos, resulta absurdo - amén de regresivo, peligroso y absolutamente censurable- que algunos energúmenos retrotraigan esta victoria sobre nuestros atavismos bélicos al paleolítico superior. Nos devuelven a la casilla uno del juego. La re-transformación del futbol en barbarie, el regreso del ser humano al “estado de natura” (Hobbes), ese en el cual “el hombre es el lobo del hombre”. Criminales puros e inatenuados. Sociópatas. Demencia colectiva. El futbol como patología social.

Cosas de la vida: durante mi regreso a Francia, la semana pasada, me tocó sentarme justo al lado de un inspector internacional; Rodrigo Arias Grillo, de Sportia Law. Había sido testigo de nuestros recientes despliegues de vandalismo.

¿Qué querían ustedes que le dijera? ¿Cómo defender lo indefendible? Nuestro futbol se ha ensuciado: a ojos del mundo, somos ahora un modelo de hooliganismo.

La negación misma de nuestro primer atributo histórico: la cultura de la paz. Doña Unafut: ejerza su músculo ejecutivo, y castigue estos hechos con rigor absoluto, implacable.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha.

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