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Magníficos

Ahí va, la piragüita…

Costa Rica está jugando con coraje, corazón, reciedumbre.

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Hay cuatro opciones. 1-Ganar jugando bien. 2-Ganar jugando mal. 2-Perder jugando bien. 4-Perder jugando mal.

Ideal la primera, irrescatable la cuarta. ¿Las del medio? Ganar jugando mal es frecuente entre los grandes: mil veces he visto a Brasil, Italia, Alemania ganar jugando mediocremente. Tienen tal superávit de calidad, que no necesitan movilizar la totalidad de su potencia para ganar.

Perder jugando bien puede ser glorioso, heroico, y acaso más meritorio que ganar jugando mal. Decía Borges: “hay derrota más dignas que la victoria”. Pero, por supuesto, será siempre doloroso. Costa Rica ha vencido a su némesis, Honduras, en el “clásico” de la Concacaf. Un verdadero fantasma: de 19 partidos eliminatorios habíamos perdido 9, empatado 6 y ganado solo 4.

Exorcizado quedó el espectro. ¿Debe, por principio, toda victoria ser celebrada, y toda derrota llorada? No estoy tan seguro. Jugamos mal, y ganamos. (Honduras jugó aun peor, pero eso no es problema nuestro). Sí, jugamos mal. Es lo que hemos venido haciendo desde hace 2 años. ¿Los resultados? Cuentan solo parte de la historia: para los adeptos al “resultadismo” estaríamos viviendo la era de oro de nuestro balompié.

Pero la decoloración del futbol nacional -a pesar de tener figuras que militan en las tres principales ligas mundiales- no es un fenómeno aislado. Yo jamás había visto tal menesterosidad futbolística en la Concacaf. Juego desprolijo, desaliñado, mal enhebrado, feo “al cubo”: el imperio del 0-0. Marcadores exiguos, raquitismo generalizado, ya un triunfito 2-0 debe considerarse “el partido del siglo”. Costa Rica está jugando con coraje, reciedumbre, músculo, corazón, responsabilidad. La actitud es la correcta. ¿Pero calidad? Eso es otra cosa. El compromiso, la moral están. La mecánica, la pureza del juego, no.

Vamos a ir al Mundial: no hace falta ser Nostradamus para saberlo. Más que lograr la meta -el qué- me interesaba el proceso -el cómo-. Iremos porque los “grandes” (México y USA) exhiben el peor nivel en décadas, el hondureño es un futbol en bancarrota, y Jamaica y Panamá son, en este deporte, criaturitas pre-púberes. Todos están jugando mal. Para asistir a un mundial basta, hoy en día, con no ser peor que Japón (lugar 32 de la FIFA). Llegará el día en que aun Ferretería Núñez comparezca a la magna justa. Sí: iremos. Pero no en un acorazado, sino en una endeble, estrujada piragüita, que hará agua y deberá ser remolcada para superar el menor escollo. Lo siento, amigos: prefiero hacer las veces de aguafiestas, que dormirme al arrullo del auto-engaño.


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