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Hacia el futuro: no hay otra dirección

Los analistas viven del aquí y el ahora (el “aquihora”), y pierden la visión panorámica, documental, arqueológica de la evolución del futbol.

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Al futbol le hace falta sentido de la historicidad. Los analistas viven del aquí y el ahora (el “aquihora”), y pierden la visión panorámica, documental, arqueológica de la evolución del futbol. No les interesa otra cosa que lo que sucederá en la próxima colisión Real Madrid-Barça. ¿Lo que pasó hace 10 años? Eso no vende: no vale la pena investigarlo. Sin embargo, es muchísimo lo que se puede colegir de una lectura histórica, acumulativa, generacional del futbol.

Los grandes jugadores y equipos no brotan, amigos, en una campana de vacío. Basta rastrear su historia, para ver a qué punto progresan de manera orgánica. Costa Rica no invierte en sus ligas menores, en los jóvenes, no es capaz de estructurar un plan a largo plazo que le permita generar un futbol de primer nivel. Podríamos contratar mañana mismo a Heynckes: ¿qué haría, el pobre, con un grupo de muchachos que no adquirieron tempranamente -como se debe- las destrezas necesarias para el futbol? Un técnico no es un “formador de jugadores”: trabaja con una materia prima ya existente.

El mejor estratega del mundo fracasará con jugadores que no saben controlar un balón, desmarcarse, driblar, cobrar faltas, tomar relevos defensivos… Balanchine, coreógrafo excelso, no hubiera pasado de montar “La cucaracha” con una troupe cuyos bailarines no dominaban los pasos básicos del ballet.

Por la víspera se saca el día. Echen un vistazo a los ganadores de la Copa FIFA sub-23. Maradona, campeón en el juvenil de 1979, era campeón mundial en 1986. Bebeto y Dunga, monarcas en el juvenil de 1983, se consagraban en 1994. Casillas y Xavi, ganadores del juvenil 1999, se alzaban con el cetro absoluto en 2010. Figo salió del Portugal campeón juvenil de 1991. Alves del Brasil campeón en 2003. Súker de la Yugoslavia campeona en 1987. Riquelme y Messi de las Argentinas campeonas en 1997 y 2005 respectivamente. El formidable equipo de Ghana de 2010 había sido campeón juvenil en 2009.

El Brasil que acaba de conquistar la Copa Confederaciones fue, básicamente, el mismo que ganó el juvenil en 2009. La Alemania campeona en 1990 procede de la juvenil camada que ganó en 1981.

La historia, en el futbol, no suele engañar. Es orgánica, tiene su lógica, su decurso racional y previsible. ¿Quiere usted saber cuáles serán las estrellas del futuro? Preste atención a los campeonatos sub-20. Ahí está todo. Costa Rica no ha pasado de un pinche cuarto lugar, en 2009. ¿Así esperamos ser campeones mundiales en Brasil? Quien no trabaja para el futuro y no cultiva sus surcos labrantíos, no recogerá más que sueños rotos.

Costa Rica no invierte en sus ligas menores, en los jóvenes.

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