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Gladiadores y vedettes

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Hablemos en Do mayor y en cuatro por cuatro. Enfáticamente. Estoy cansado -frito, harto- de ver futbolistas que militan en ligas extranjeras integrarse a la Selección Nacional únicamente para lesionarse, o para jugar de manera recoleta, cautelosa, cuidándose sus preciosas piernitas depiladas, bronceadas, tatuadas.

Entendámoslo: la ética de un deportista cuando juega para un club -empresa privada o consorcio- no es la misma ética que debe animarlo cuando juega para su país. La primera es la ética del profesional altamente calificado -y suculentamente pagado- que debe cumplir con lo que de él se espera. Ni más ni menos que eso: cumplir.

La ética de un profesional cuyos servicios son solicitados y remunerados a precio de oro. Debe satisfacer a una afición, contribuir al rendimiento de su equipo, y procurar que este venda calcomanías, camisetas autografiadas, prendas deportivas, peluches de la mascota del club... lo que ustedes quieran. ¡Pero cuando juega para la Selección Nacional su ética no es ya la del profesional, sino la del gladiador! Una ética épica, guerrera, patriótica: debe vencer o morir.

Dejarlo todo en el terreno de juego. Pasión, compromiso y entrega absolutos. No basta con “cumplir”. Ya no se trata de hacer aun más rico a Florentino Pérez, sino de cristalizar los sueños de cuatro millones de costarricenses, que proyectan en ellos la suma de sus ilusiones.No es un fenómeno raro. Di Stefano nunca rindió en las selecciones argentina y española como rindió en el Real Madrid.

Zico jamás tuvo en la “Verdeamarela” el peso que tuvo en el Flamengo. Y Messi, consagrado en el Barcelona, está en deuda con la Selección Argentina después de dos copas América y un mundial desastrosos. Jugadores para clubes, no para selecciones. Virtuosos del balón -¿quién lo duda?- pero no gladiadores. Cuando jugaban para su país llegaban a evitar el choque, a administrarse, deambulando por ahí, escondiditos, discreta, correctamente, sin más.

¿No quieren exponerse, que los pellizquen, rasguñen o soplen? ¡Pues entonces quédense en sus casas jugando PlayStation! Cuando se alinea con la Selección Nacional se representa una bandera, un escudo, una suma de valores, una colectividad…. Después de todo, existe todavía eso que se llama patriotismo. Si no quieren emplearse a fondo con la Selección, desdorar sus piernitas, háganselas asegurar por dos millones de dólares como Heidi Klum, y dedíquense a exhibirlas en pasarelas de lingerie para Armani.

De nuevo: el ethos de un jugador en su club no es el mismo de un jugador en su selección nacional. En el primero es un showman, en el segundo, un guerrero.

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