Publicidad

Magníficos

El jugador de mi vida

Roberto Rivelino, "la patada atómica", "bigode" ("bigote" en portugués), "Riva". Cañonero del Corinthians, del Fluminense, y campeón mundial en aquel Brasil de 1970.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Todos tenemos uno, ¿no es cierto, amigos? No porque sea el mejor (objetivamente sabemos que los hubo más dotados en ciertas destrezas específicas), sino porque… pues yo qué sé. Afectos inexplicables. Jugadores que nos marcan, que cultivan el concepto de estilo -personal, inconfundible- y más se asemejan a artistas que a deportistas. Acaso porque están asociados a viejas lealtades de la infancia, fueron héroes de nuestra niñez, anotaron goles que en su momento celebramos con la familia, mil factores imponderables.

¿Cuál es el mío? Se los diré sin la menor vacilación. Roberto Rivelino, “la patada atómica”, “bigode” (“bigote” en portugués), “Riva”. Cañonero del Corinthians, del Fluminense, y campeón mundial en aquel Brasil de 1970. Amigos, tienen que creerme: quien no vio a ese equipo jugar, no sabe el nivel de belleza que el futbol es capaz de alcanzar.

El técnico Zagallo (hijo del 4-2-4 del Brasil de 1958 y 1962) intentó, mutatis mutandis, estructurar un equipo de características similares, cuando ya el esquema era juzgado obsoleto. Alineó a cuatro números 10: Pelé, Gerson, Rivelino y Tostao (Jairzinho, por la derecha, constituía un quinto atacante). Resultado: una avalancha de futbol, una delantera como jamás se ha visto, un alineamiento planetario de esos que se configuran cada siglo. Cierto: encajaban más goles de la cuenta, ¿pero eso qué importaba? ¡Podían jugar sin portero, que igual ganaban: el superávit de talento que tenían en la ofensiva era simplemente avasallador!

En este “circo del sol del futbol”, Rivelino fungía como falso puntero izquierdo, y como volante. ¡Ah, sus zurdazos a la base de los postes, sus disparos con chanfle: no eran patadas bestiales: tenían, además de potencia, colocación perfecta! Describían inusitadas parábolas en el espacio, trazaban curvilíneos, sinuosos arcos… los porteros temblaban cada vez que se enfilaba hacia el marco.

Luego, su “firma futbolística”: la “viborita” o el “zigzag”, un amague de la zurda en el cual balanceaba el balón en la punta del pie, fingía el desborde hacia la izquierda y luego (a menudo infligiéndole “el túnel” al defensa) quebraba hacia la derecha. Picardía, malicia, inteligencia, potencia, capacidad de creación: todo lo tenía, Rivelino. No pasaba balones, sino poemas. ¿Los tiros libres? Para que tomen nota: es el jugador que más goles ha marcado en este tipo de falta. El ídolo de Maradona -por confesión propia-.

¡He visto tanto futbol desde entonces, y sigo sin encontrarle substituto! Aún lo echo de menos. Los que lo vieron jugar sin duda lo recuerdan, ¿no es cierto? Denme, amigos, su parecer.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Sondeo ¡Participe!

¿Marcará diferencia la ventaja deportiva en las semifinales del Torneo de Invierno?

Ver resultados

Publicidad