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Opinión

¡Bienvenidos al Ku Klux Klan!

Hay psicópatas, seres llenos de sordos rencores, devorados desde dentro por sus propios demonios, que persisten en ensuciar nuestro futbol.

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¿Racismo en el futbol nacional? ¿Qué hay de nuevo en ello? Siempre lo hubo. Y antes era más amenazador y visceral. La negritud empieza a integrarse plenamente a nuestro futbol a partir de los sesentas, con Wally Vaughns y Errol Daniels. Todavía en la era de “Los chaparritos de oro”, en los cincuentas, el jugador afro-descendiente era considerado rara avis in terra.

Cuarenta años a la zaga de Brasil. En 1922 el Vasco da Gama admitió por fin jugadores no caucásicos en su plantel. Fue el primer equipo latinoamericano en hacerlo.

Antes, los jugadores de origen africano tenían que teñirse las caras con harina de arroz, “blanquearse” a fin de poder participar en la liga. Imagínense ustedes de lo que Brasil se hubiera perdido, de seguir con tal mentalidad: Pelé, Garrincha, Didí, Djalma Santos, Rivaldo, Ronaldo, Ronaldinho… Jamás habrían ganado ni un mundial de cromos.

Pero aun así hay psicópatas, seres llenos de sordos rencores, devorados desde dentro por sus propios demonios, que persisten en ensuciar nuestro futbol. Lo que la afición del Fello Meza le inflige a Waylon Francis cada vez que juega en esta sucursal del Ku Klux Klan es, el sentido más puro del término, un crimen contra la humanidad.

¿Que no conviene generalizar? Por supuesto que se trata de un puñado de vándalos, no de la noble feligresía del estadio en cuestión. ¡Pero es que a la noble feligresía le corresponde, como deber cívico, protestar masivamente, boicotear su propio estadio, si fuese el caso, a fin de evitar que tales genocidios verbales sigan repitiéndose!

Limón es la cantera de jugadores que más gloria nos ha deparado. Participó en nuestro primer campeonato, en 1921, y ahí está al día de hoy, luchando gallardamente por no descender del antepenúltimo lugar, con futbolistas a los que se les deben tres meses de salario, y un técnico que, a pesar de ello, cultiva heroicamente un estilo ofensivo, y se niega a acogerse al pseudo-catenaccio criollo que otros, con mucho mejores planillas, practican.

Y ello en el misérrimo Juan Gobán, galerón para 3.500 espectadores y una gramilla infame. ¡Adelante, compañeros, no aflojen!

Amigos: Joe Louis en el boxeo, Jackie Robinson en el beisbol , Jesse Owens en el atletismo, Martin Luther King en el terreno de los derechos ciudadanos, ¿habrían vivido y muerto en vano?

Cuando un espectador agrede a un jugador con escupitajos racistas, debería preguntarse, ¿qué es, en el fondo de su corazón, lo que odia tan enconadamente?

¿Cuál es el verdadero objeto de su inquina? Pálpese el alma, busque las tumoraciones y verrugas, hágalas examinar, y después hablamos.

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