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MAGNÍFICOS

Ambrosía futbolística

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El sorteo de la Champions no configuró las parejas que yo hubieradeseado. Los encuentros serán fascinantes, pero no veremos lo que constituye lo más hermoso de este deporte: la confrontación de escuelas opuestas en sus planteamientos básicos, la colisión de mentalidades diferentes, concepciones del juego antagónicas.

El Real y el Dortmund son esencialmente contragolpistas.Tienen los recursos para ello: distribuidores capaces de meter bolas de profundidad que cortan las defensas como cuchillo en mantequilla, y pases de 40 metros lanzados con precisión satelital, luego delanteros veloces, “robadores de espaldas”, certeros, magníficos en el “uno a uno” contra el portero, definidores impecables. Juegan más cómodamente cuando los atacan que cuando están atacando. Le ceden el terreno y la posesión del balón al rival… y se limitan a esperar su error, la bola robada en el medio campo, la menor imprecisión, entonces es el estilete, la daga, esos goles que humillan por su simplicidad de ejecución: tres pases y “apague la luz”. Pero, practicando el mismo tipo de futbol, el Real y el Dortmund van a darse a probar uno al otro de su propia medicina.

Por otra parte, el Bayern (donde juegan aún, como majestuosas figurastutelares, las sombras de Beckenbauer, Müller y Rummenigge) y, en particular, el Barcelona, son equipos que sólo se sienten cómodos con la posesión del balón. Lo administran, lo gastan, lo erosionan: futbol acompasado, armonioso, de retención de la pelota, que obedece al axioma: para hacer el gol -y evitar sufrirlo- hay que tener el balón, ergo: siempre protegerlo. La presencia conspicua de latinos en el Bayern como en el Barcelona explica, en parte, este ritmo (en Europa militan 140 latinos). Pero, de nuevo, será un choque de potencias sufragáneas del mismo juego: equipos “tocadores”, ustedes saben: el “tiqui-taca”. Es, por cierto, el tipo de futbol que amo y espero ver ganar.

En el futbol triunfa aquel que obligue al rival a salir de su libreto, que lo fuerce a una dinámica en la que no se siente cómodo, que le cambie su “tempo” natural, que lo haga jugar de una manera que le es ajena. ¡Ah, la maquiavélica mano de los técnicos, moviendo sus trebejos!

Hubiera preferido los choques Real-Bayern (un clásico inmemorial) y Barcelona-Dortmund: estilos contrastados: los enamorados del balón, que llegan adelante con 4 o 5 jugadores, luego los que finiquitan un partido en una fulguración, prescindiendo del medio campo, con un aguijonazo que va desde la defensa a la delantera. Pero no importa: igual serán unhimno al futbol en lo que este tiene de más bello y depurado.

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