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¡Vergüenza, vergüenza!

No son aficionados. Son malos costarricenses.

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No son aficionados. Son malos costarricenses. Criminales, en el sentido estricto del término: cometen crimen de lesa humanidad. Violan la Declaración de los Derechos Humanos, firmada en París el 10 de diciembre de 1948. Nos devuelven al paleolítico. Me refiero a los agresores que en los estadios empuñan el racismo para dar voz a sus sordas amarguras, inconfesos conflictos, todo ese quantum de odio mal digerido que no saben por dónde sacar. Lo que hace dos semanas se vivió en el Fello Meza hirió de muerte nuestra cultura del futbol. Decirle a un jugador: “negro h. de p.”, “macaco”, “mona”, “nápiro”, “volvete a subir a la palmera”… no tiene nombre. O mejor dicho, sí, tiene muchos: perversidad, falta de respeto, cobardía, prejuicio, mala entraña. El reglamento prohíbe mostrar pancartas con comentarios racistas en los estadios. ¿Qué importan las pancartas, si la gradería entera canta, con voz digna del Metropolitan Opera House, sandeces de esta estofa? ¡Las pancartas no las entenderán los niños que no saben leer; los “cánticos” los escuchará cualquiera que esté dentro de un perímetro de 1 km a la redonda! Si se sanciona al estadio con ¢500.000 por pancartas, la multa debería ser mayor en el caso de insultos multitudinarios.

Escuchen a Blatter: “El racismo es una lacra de la sociedad: será prioridad de la FIFA combatirla bajo todas sus manifestaciones, en todos los países miembros”. Creó una División FIFA Contra el Racismo, y amenaza con la clausura de estadios, la sustracción de puntos, el descenso a segunda división y la exclusión del campeonato mundial, a cualquier país donde el racismo muestre su repulsiva faz de Gorgona: ¡bien hecho! Amigos: no hay fair play -juego limpio, justo, correcto- sin fair public, sin una afición que esté a la altura de esta base ética. Hemos ensuciado nuestro futbol. La Unafut toma medidas por combatir el racismo, lo sé, y lo aplaudo. Pero debemos ser mucho más rigurosos. ¡Es tanto el dolor que el racismo ha generado! ¡Ríos, cataratas, océanos de sangre! Fello Meza era, por cierto, un indito de tez morena, no un vikingo sacado del Valhala: ¿Cómo pueden los cartagineses pisotear de esta manera la dignidad humana?

Seré muy puntual: si se cometen nuevas atrocidades de este tipo, yo mismo, en tanto que Embajador de Costa Rica ante la Unesco (donde el racismo es combatido con ferocidad) me encargaré de que nuestros estadios sean investigados, de la venida de inspectores internacionales, de que las sanciones adecuadas sean aplicadas, y convocaré a la División Anti-racismo de FIFA: es un compromiso que adquiero con ustedes, compatriotas.

Escuchen a Blatter: el racismo es una lacra de la sociedad

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