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Magníficos

En manos de rufianes

Señores federativos: a ustedes les corresponde ahora desinfectar la gusanera.

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El futbol es una de las cosas más bellas que se le han ocurrido a la criatura humana. Pero la cultura del futbol (todo lo que lo rodea) puede generar graves aberraciones. Como esas plantas espléndidas a las que se adhieren hongos, parásitos, mandrágoras. Urge sanear toda esa porquería.

La Fedefutbol pecó por falta de previsión en la masiva estafa de la reventa para el partido Costa Rica-USA. Más de 2.500 boletos en manos de rufiancillos. ¡Revender un tiquete de ¢15.000 en ¢75.000! Abyecto, nauseabundo, gangsteril. Ustedes saben: el “vivazo”, el “vivillo”, el “buchón”, el angurriento, el “juega de listo” que constituye una de las subespecies de eso que conocemos como “tiquicidad”. Nuestra faz en sombra, el Mr. Hyde que llevamos por dentro.

Primero: no se puede usar un espacio público para lucrar. Los espacios públicos son de todos. Asumimos que no son de nadie, por eso no los cuidamos y los transformamos en botaderos ad hoc. ¡Error descomunal: el espacio público es de todos, y precisamente por eso es responsabilidad colectiva defender su integridad! Que algo sea de todos no significa que no sea de nadie: ¡significa que nos pertenece como bien común!

Segundo: conviene aprender de la historia. Estadio Mateo Flores, Guatemala, 16 de octubre de 1996. El anfiteatro tenía capacidad para 48.000 espectadores. Se falsificaron boletos con extraordinaria pericia. Sobreventa de 12.000 localidades. Resultado: avalancha humana, con un saldo de 91 muertos. Los jugadores salieron a la cancha con los cadáveres ahí yacentes, cubiertos por sábanas, en las márgenes del terreno. ¿Por qué no habría de sucedernos otro tanto a nosotros? ¿La Virgen de los Ángeles va a correr, tal una tía mimosa y regalona, a protegernos de ello?

Tercero: pónganse en el lugar de nuestros jugadores. Si yo tuviera que enfrentar un partido crucial sabiendo que un fanático patológico embargó el presupuesto familiar del mes, dejando a los suyos en la intemperie, traficando con bribones, yo no podría jugar sin cierto tremor, sin ciertos escrúpulos, sin cierto grado de desestabilización psíquica. Desde el punto de vista psicológico, la práctica es deletérea para nuestra Selección.

En este inmundo vals, los dos participantes son igualmente corruptos: el revendendor como el comprador. Honor a quien honor merece: mis respetos para los compañeros de Al Día que destaparon este tanque séptico.

Lástima que el hedor ya llegó a toda la Concacaf: nuestra imagen ha sido mancillada. Señores federativos: a ustedes les corresponde ahora desinfectar la gusanera.

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