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Magníficos

Sin sangre en el ojo

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Klinsmann es un gigante. Lo fue como jugador, y lo sigue siendo en su rol de estratega. Lo vi jugar en Costa Rica en 1988: el Stuttgart apabulló a Saprissa 5-0. Dos años después era campeón mundial en Italia. El mejor ariete que ha producido Alemania después de Gerd Müller, ciertamente por encima de Völler y Klose. Cazaba toda bola que llegara al área: de chilena, de volea, de cabeza, de taco, desde el suelo, con el hombro, con la nuca, y sí, lo crean o no, una vez lo vi meter un gol con el trasero (Inter-Milan). Una fuerza de la naturaleza.

Marcó goles “de placa” en los 3 campeonatos en que participó (1990, 1994 y 1998). Su chilena contra Corea del Sur, en la segunda gesta, pareciera salida del Cirque du soleil.

Ha configurado un cuadro capaz de pasar de la defensa al ataque casi sin transición, pragmático, eficaz, cerebral. Golea cuando debe golear… y espera, tal un lince al acecho de su presa, cuando conviene esperar: un zarpazo, y se acabó. La mirada de felino del veterano Donovan: huele la sangre del rival y lo atisba desde lo alto del peñasco. Las garras y colmillos acerados que lo destrenzan: Shea, un matador en el que ha tratado de reproducir, mutatis mutandis, las que fueran sus propias cualidades como jugador.

Derrotó a la arrolladora Alemania de Low (4-3), a Italia en Génova (1-0: los Azzurri no perdían contra los Estados Unidos desde 1934) y a México (1-0) en el Azteca. Ha ganado al hilo once partidos, anotando 31 goles y encajando solo 5. Y la Copa de Oro… esa se la llevó en la maleta y la tendrá en este momento en la sala de su casa: ganó caminando.

El 6 de setiembre recibimos a su wonderteam. El error que no se debe cometer (no dudo que el psicólogo de la Selección ya haya trabajado este aspecto) es convertir el partido en una venganza. Amigos: nadie juega bien desde las vísceras, desde la bilis y el rencor. Obnubilan, ofuscan, ciegan.

Tendremos que lograr una de las cosas más difíciles del mundo: equilibrio entre pasión (sangre, adrenalina, músculo) y astucia, frialdad. No salgamos a “ajusticiarlos”, a “saldar una cuenta”, a “sacarnos un clavo”: los convertiremos en un fantasma (ya de hecho lo son).

Vehemencia dentro del auto-control, voluntad dentro del orden, fuerza dentro de la lucidez.

El revanchismo agranda la sombra del rival, lo torna más poderoso. Juguemos con 100 000 megatones, sí… pero bajo estricta auto-disciplina. Klinsmann es un zorro: sabrá explotar nuestra rabia. Nos tiene perfectamente estudiados. Más que un partido de futbol será un juego de ajedrez: ganará el que mejor controle sus emociones.

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