Publicidad

Magníficos

Una sobredosis de sí mismo

La que no mejora Messi -nunca lo hará- es la calidad de su materia prima humana. ¡Qué tipejo, por el amor de Dios!

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Convengo: de un futbolista cabe esperar buen futbol, no los actos filantrópicos de Albert Schweitzer.

Sin embargo, amigos, a nadie le hace daño ser una buena persona, y la calidad humana de un deportista es más que un valor agregado: es constitutiva de esa imagen que proyecta al mundo como modelo y objeto de emulación.

Al día de hoy, sigo creyendo que Messi es el mejor jugador del planeta. Su estilo me recuerda al Pelé de 1970, que jugaba más para el equipo, habilitaba sin cesar a sus compañeros y arrancaba desde el medio campo. Hacía menos goles: no era ya el solista, sino el director de orquesta.

Ahora vemos a Messi servirle balones a un filoso, punzocortante Neymar, e incluso a Xavi, contención con súbitos arrestos de delantero. No percibo signo alguno de declive en su futbol.

La que no mejora -nunca lo hará- es la calidad de su materia prima humana. ¡Qué tipejo, por el amor de Dios! El desdén con que trató a la afición costarricense, cuando vino con la Albiceleste, es un hito en la historia universal de la arrogancia, que alguien, algún día, publicará.

Esquivo, avaro con su propia persona, incapaz de conceder una entrevista, de regalarle a nuestra afición siquiera un saludo... Allá, torvo, soterrado en el subsuelo de la banca. Nadie le pedía que hiciera series y piruetas para deleite de la afición. ¡Un pinche saludo: eso era todo!

¿Qué le costaba a Grondona darle cinco balones, para que la deidad los reventara en las graderías, y la gente siquiera conservase la preciada reliquia? ¿Tan mal de plata anda la Federación Argentina?

Cuando Pelé venía a Costa Rica, entrenaba con el Santos en Ojo de Agua, a vista y paciencia de todo el mundo.

Regalaba balones y autógrafos. Iba al club musical de Paco Navarrete, y en la noche pasaba a comerse un sándwich a la soda Palace o a Chelles. ¡Y ya llevaba tres campeonatos mundiales en el salveque! Era un hombre sencillo, abordable, secreción de su tierra: el pueblito “Tres corazones”. Al decir de Evita, “nunca olvidó su procedencia”.

Nuestro sifonáptero (pulga), en cambio, no es capaz de complacer a un niño cuyo más entrañable anhelo consistía en tomarse una foto con él. Un gran futbolista... con alma de cántaro. Su hábitat: las pasarelas, los tabloides, la farándula... y un piso entero del Marriott. El Heidi Klum del futbol.

De nuevo: nadie esperaba de él los gestos humanitarios de la Madre Teresa. Bastaba con un poco de decencia. ¿Las vaselinas, los piques, los gambeteos? No valen lo que esa malhadada foto. El equivalente humano de cien penales fallidos. No eran así los futbolistas de antaño. El mundo no los había aún enfermado de sí mismos.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Sondeo ¡Participe!

¿Marcará diferencia la ventaja deportiva en las semifinales del Torneo de Invierno?

Ver resultados

Publicidad