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El único verdadero campeonato

No hay circunstancia alguna en la cual el racismo pueda ser considerado justo, correcto o adecuado.

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¿Qué significa “justificar”? Declarar que algo es justo, correcto, adecuado. Así vistas las cosas, el racismo es, estrictamente hablando, injustificable. No hay manera de blanquearlo, de cosmetizarlo. No hay circunstancia alguna en la cual pueda ser considerado justo, correcto o adecuado. Es, por principio, inaceptable, indefendible.

En declaraciones recientes a este periódico, el presidente del Club Sport Cartaginés, Daniel Vargas, dijo que “el racismo no se combate poniéndose como chiquitos bravos”. Aludía a los jugadores limonenses, que propusieron la suspensión de su último partido en el Fello Meza, ante el aguacero de insultos racistas de que fueron objeto. Así que, según el señor Vargas, tal reacción no hubiera diferido de la de un mocoso que patalea y monta un berrinche: debemos ignorarlo y dejar que contenga la respiración hasta que pierda el conocimiento. Mejor aun: un par de nalgadas no le caerían mal.

“Los árbitros tienen culpa porque desde el principio Limón estuvo perdiendo tiempo y no se tomaron medidas, entonces los aficionados se impacientaron y la emprendieron contra los jugadores” -dijo el directivo-. Ninguna agresión, en el deporte, es justificable. Asumamos que el arbitraje haya sido, en efecto, desacertado: ello no exculpa a los psicópatas que agredieron verbalmente a los jugadores limonenses. El racismo es un crimen de lesa humanidad: nos lesiona a todos, hiere a la criatura humana en su núcleo esencial. ¿Por qué el malestar del público debía de traducirse en invectivas racistas contra el equipo visitante? En rigor, entendería que hubiesen denostado al árbitro, pero no a los limonenses, y bajo la forma específica de vituperios racistas.

Si, en efecto, el árbitro fue el culpable del enojo de la afición brumosa, ¿por qué no se ensañaron con él? Hubiera comprendido -¡no aprobado!- que invocaran todos los ancestros de su árbol genealógico, pero no entiendo la formulación concretamente racista de su ira, y los escupitajos verbales dirigidos contra los limonenses. El señor Vargas desplaza el verdadero eje del problema. Un árbitro jamás será responsable de las manifestaciones racistas de una afición. Y sí, creo, de manera enfática, que una agresión de este tipo es causal para suspender, ipso facto, un partido.

El Fello Meza está convirtiéndose en un foco gangrenoso para la propagación del racismo en nuestro futbol. La erradicación de esta patología social en el estadio constituiría un logro mil veces más glorioso que ese trofeo que Cartago no alza hace 74 años. Valdría por 10 campeonatos. Es el verdadero nombre de la lucha que en este momento debe librar.

El racismo es un crimen de lesa humanidad: nos lesiona a todos

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