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Desmotivación

Cuando un equipo no gana, muchas veces se debe a que el entrenador lejos de motivar al jugador lo desmotiva.

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El entrenador inicia la temporada con un plan sobre como quiere enfocar los aspectos significativos del año, diseña una línea de trabajo con su cuerpo técnico, tiene visión, plantea objetivos.

Determina las estrategias para alcanzar las metas, define alternativas, delega, estimula, vigila la conducta grupal y del cuerpo técnico. Inicia el campeonato con la mente puesta en el final, quiere ser campeón, una meta realista por lo logrado anteriormente, reforzó el cuadro con jugadores importantes y recuperó a lesionados.

Este campeonato es para volver tras los pasos perdidos, es para coronar la cima. Pero un día su equipo deja de ganar y surgen las dudas, las reacciones habituales, ¿serán los jugadores los responsables? ¿O será el entrenador? ¿O quizás ambos? ¿Fiscalizó adecuadamente el gerente deportivo el trabajo del entrenador?

Cuando un equipo no gana, muchas veces se debe a que el entrenador lejos de motivar al jugador lo desmotiva.

“Falta de personalidad, estilo de entrenamiento inadecuado, comunicación mínima y un mal plan de trabajo resulta en un declive constante de la motivación”. Beswick 2012.

Otras veces, los jugadores mantienen las destrezas, pero pierden el deseo, la voluntad de ganar que debe ser más fuerte que las cualidades del equipo. ”Los campeones deben tener habilidades y voluntad, pero la voluntad debe ser lo preponderante”. Muhammad Ali.

Surge la crisis, y la junta directiva toma decisiones impopulares o muy populares: separa al técnico o a unos cuantos jugadores, impone multas no legales, pero que están en el código no escrito de la administración de futbol de algunos equipos.

La crisis puede ser positiva, de cierta manera va a conducir a replantear situaciones que no están funcionando adecuadamente y puede generar cambios eficientes.

Es un momento para “entender mejor las preguntas”, como diría Kwai Chang Caine, aquel gran personaje de la serie de de los 70’s Kung Fu.

En este punto, lo mejor es sentarse juntos y asegurarse que todas las partes aún persiguen y comparten el mismo propósito. Lejos de mostrar las caras amargadas, sonreír seria un bálsamo para aliviar la carga emocional, es un buen momento para mejorar la comunicación de todas las partes, de ser optimista y visualizarse ganadores. De canalizar la ira y la culpa de manera positiva, enfocadas en el rival y no contra el mismo equipo.

Pero para el DT sería un buen ejercicio preguntarse: ¿Estás seguro que no eres parte del problema?

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