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Magníficos

Mundial e identidad

Brasil cambió su jogo bonito, aquel lleno de artistas por uno más de peones.

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Mañana llega a su final un mundial espectacular. Muchos goles, equipos no tradicionales siendo protagonistas, buenos partidos, grandes sorpresas y un poco de globalización.

El futbol tiende a globalizarse en sus conceptos, tiende a invertirse en sus raíces, es así como un día presenciamos como la selección española cambió su estilo de la furia por el tiki-taka, los alemanes ya no juegan por atropellamiento físico, ahora parecen un equipo más latino.

Brasil cambió su jogo bonito, aquel lleno de artistas por uno más de peones. Hay varias selecciones que se parecen en todo, en lo táctico, en lo técnico, hasta en lo físico.

Pero aún quedan rasgos distintivos en varias de ellas, esa firma personal que distingue a un jugador de Asia de uno de África y de otras latitudes.

Los argentinos, uruguayos, mantienen su línea. Italianos e ingleses buscan un nuevo camino, las selecciones emergentes como Costa Rica, Bélgica, Estados Unidos y Argelia, a pasos agigantados conspiran con el universo para mostrar su calidad.

Otros siguen fiel a su escuela pero se adaptan, como la Holanda de Van Gaal o el México de Herrera.

Los aficionados también se globalizan vía redes sociales, pero aún queda un último bastión que resiste a esa globalización y es la identidad cultural: ese conjunto de creencias, valores, tradiciones, símbolos, que identifican a un grupo. Esto se refleja en lo que sucede alrededor de las selecciones nacionales.

La gente se aglutina cerca de ellas, encuentra un sentido de pertenencia especial que le permite sacar y mostrar su identidad cultural. Las playas, barrios y calles brasileñas han sido testigos de este fenómeno cultural durante un mes.

El resto del mundo se conecta, lo sigue por la televisión y por las redes sociales, todos aquellos que admiran el futbol y lo que sucede alrededor de él, y aquellos que no lo hacen, también se inmiscuyen en este mundo redondo y colorido como el balón, para saber y opinar, odiarlo o amarlo.

La Copa del Mundo en definitiva es un negocio, un negocio multimillonario que le brinda ganancias a todos los participantes, llámense estos: selecciones nacionales, patrocinadores, organizadores, la FIFA misma y el comercio en general, pero a la vez le permite a las sociedades hacer visible su cultura e identidad, de que sean percibidas en su esencia, más allá de los estigmas sociales que les han sido etiquetados.

“La irremediable lucha por la identidad, me mantiene cuerdo en este mundo de locos”, decía Marcos Ponce de León.

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