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Opinión

El camerino de al lado

Detrás de la puerta cerrada del camerino de al lado todo parece estar invadido por una fría quietud, la lucha terminó.

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Heredia, el silencio invade el camerino del equipo azul. La atmósfera multicolor antes del juego  poco a poco va cambiando su tonalidad a un gris oscuro. Jugando su primera final en más de 17 años, el equipo brumoso acaba de perder en un complicado y largo juego, la posibilidad de terminar la racha de 73 años sin ser campeones nacionales.

Afuera, el campo de juego artificial del estadio Eladio Rosabal Cordero, que hasta hace unos minutos atrás fue escenario de una intensa batalla futbolística que necesitó 2 horas y 51 minutos para definir al ganador del campeonato nacional, ha sido invadido por cientos de aficionados vestidos de rojo y amarillo, llenando el aire de cánticos al nuevo campeón. Cerca de 10.000 aficionados de uno y otro equipo vivieron el juego en directo, un 44% de televidentes loD observaron. En ambos casos, la tensión, la magia y los saltos de alegría o tristeza los acompañó las casi 3 horas que duró el juego.

Pero detrás de la puerta cerrada del camerino de al lado todo parece estar invadido por una fría quietud, la lucha terminó, probablemente en los pensamientos de muchos de los jugadores retumbaran las palabras: ”estuvimos tan cerca”. Una ventana indiscreta muestra al entrenador del equipo azul abrazar y hablarle a cada uno de sus jugadores.

Después de un espacio de tiempo inmedible, se abre la puerta del camerino de al lado, poco a poco jugadores, cuerpo técnico y dirigentes salen caminando lenta y pesadamente, se dirigen a recibir su premio, no el que querían y  para el que lucharon con todo y algo más, deseosos de ofrecérselos a sus familiares y seguidores, quienes estuvieron siempre al lado de ellos.

Un colega del rival, viejo compañero de campeonatos pasados, se les cruzó en el camino y con un abrazo a sus excompañeros les mostró su solidaridad. Las primeras palabras del entrenador y de algunos de sus jugadores denotaban el dolor y la decepción, comprensibles cuando se tiene la conciencia de lo logrado; llegar hasta los penales con 10 jugadores tenía un gran valor.

Siempre creyeron que lo podían lograr y dejaron ver que la próxima temporada volverán a estar ahí. Son conscientes de que la experiencia vivida los hizo mejores. Algunos jugadores caminaban sin rumbo, otros, los que se cambiaron rápidamente, buscaron a familiares y amigos afuera del camerino, con la necesidad del apoyo para aliviar el dolor interno.

Tarde en la noche, sentados en el autobús que los llevara de regreso a la vieja metrópoli, la mente no se detendrá, los cuestionamientos asaltarán sus pensamientos vestidos en forma de: “¿y si hubiera hecho esto? y ¿si hubiera sucedido lo otro?” y probablemente el resto de la semana también.

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