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Magníficos

Una mañana en la cancha

“Vamos muchachos, sé que lo pueden hacer mejor”.

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Miércoles por la mañana, 9 a. m., 30 grados centígrados de temperatura, no hay brisa y la superficie sintética de la cancha está muy caliente y, empieza a hacer estragos en los pies de los jugadores.

El entrenador llama a los 24 muchachos que conforman el equipo; se reúnen alrededor de él para escuchar las indicaciones previas al entrenamiento. Trabajo físico será el objetivo, las caras de los jugadores reflejan por sus gestos, la certeza de que será una mañana intensa, otros parecen preparase mentalmente para el esfuerzo.

Algunos niños juegan u observan desde las graderías, abiertas al público. Usan una gorra roja de beisbol para mitigar el efecto del sol, el entrenador inicia su trabajo en esta soleada mañana. Este entrenamiento debía realizarse por la tarde, pero por una actividad social que programó la dirigencia se requiere éste espacio a ésta hora, no pudiendo evitar el verano de marzo que presenta elevadas temperaturas en dichas horas.

El entrenador le advierte a los jugadores que “espera lo mejor de ellos, y que hay mucho por hacer para mejorar”. El calentamiento es intensivo, como debe ser cuando se va a entrenar la parte física, ejercicios con el balón de pasar y recibir, estiramiento dinámico, se les pide calidad en la ejecución, si algo no se ejecuta de esta manera, los obliga a repetirlo. Su asistente lo secunda, ambos lucen energéticos y tratan de proyectar su voz de una manera que pueda llegar a todos y cada uno de los jugadores.

¿Qué pasa muchacho, ya has dado 2 pases seguidos malos?, le advierte a uno de ellos. El asistente cierra la parte final del calentamiento, el entrenador, observa, buscando que sea todo como debe ser. Se quita su gorra de beisbol por un momento y limpia el sudor de su frente, mira el reloj y asiente con su cabeza, dando la sensación que está satisfecho de cómo marcha el entrenamiento.

Tiempo para hidratar. Inicia la segunda parte, aquí su voz parece el doble de fuerte. Va pidiendo más esfuerzo o corrigiendo, hasta a su asistente le pide que no deje de corregir. “Vamos muchachos, sé que lo pueden hacer mejor”, les grita. “Este juego no es fácil, si no la hacen mejor tendrán trabajo extra al final”.

Después de 1 hora y 30 minutos, da por finalizado el entrenamiento. Los jugadores reflejan en sus rostros y en sus camisas mojadas por el sudor, la intensidad del trabajo, buscan por un lado hidratarse y por el otro al terapeuta y masajista para que los ayuden con sus ejercicios de estiramiento. El entrenador sigue observando y probablemente se dirá a sí mismo, “quién dice que esto es fácil”…

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