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El entrenador y el arbitraje

¿Qué pasa si el arbitraje se recarga a favor del grande?

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Cuando se trabaja con equipos no tradicionales en nuestro país y en el resto de las ligas profesionales de futbol alrededor del mundo FIFA, el sueño de todo entrenador es visitar la casa de los equipos grandes y vencerlos.

Estar al medio tiempo con una ventaja, si lo está logrando, se llega al camerino con un gran sentimiento; esto puede suceder un par de veces al año.

Pero luego surge en el entrenador, ese sentimiento de, ¿qué pasa si el arbitraje se recarga a favor del grande? Un penal dudoso, una expulsión, o a base de que le señalen muchas faltas en contra, su equipo se va metiendo atrás. Semana a semana, las decisiones de los árbitros en este tipo de juegos son tema de análisis y discusión en los programas y secciones de deportes de los diferentes medios de prensa y en los programas radiales.

Sus decisiones son vistas de diferentes ángulos en la televisión, expertos analizan a profundidad y con mucho tiempo, lo que el árbitro debió señalar en un segundo. Su trabajo es cuestionado por el equipo que perdió y a veces por ambos conjuntos. ¿Cuál debería ser el rol del entrenador en esta situación emocional que enfrenta en este tipo de juegos? ¿Cómo debería manejar esta complicada situación que lo involucra tanto a él, como a los jugadores y árbitros?

En nuestro país tenemos muchos árbitros buenos, que por medio de un consecuente arbitraje conservan el juego por un buen camino, irradiando una buena comunicación en la cancha con los jugadores. También tenemos árbitros que no lo hacen de esta manera y prefieren conducir el juego a base de tarjetas y poca comunicación.

El problema crece si el desarrollo de un compromiso o el resultado final de este se ve afectado por una influencia negativa del árbitro.

El futbol es muy emocional y las tres partes involucradas en el juego deben tener un mejor manejo de las emociones y la conducta. El entrenador debe influenciar a sus jugadores para que reconozcan cuando han mostrado una conducta incorrecta, que tomen conciencia de que el protestar no tiene sentido.

Debe enseñarle a limitar las reacciones desmedidas después de una tarjeta o una supuesta mala señalización. Muchas veces el entrenador observa algo diferente de lo que el árbitro pitó. Volverse loco por ello no es extraño, el punto es mantenerse dentro los límites y no irradiarlo a los jugadores. Si el entrenador logra controlar sus emociones, los árbitros podrán concentrarse completamente en el juego y no tanto en lo que sucede en las bancas. Sería una excelente iniciativa si los entrenadores y los árbitros se pudieran sentar juntos regularmente, a analizar videos, interpretar el reglamento y que ambas partes puedan ver y entender el punto de vista del otro.

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