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La vida, el futbol...

Vida y futbol son hermanos gemelos. La vida, al igual que el deporte rey, hay que jugarla con intensidad desde el pitazo inicial.

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La vida no es un balón que rueda sobre la gramilla y hay que meter en un marco, pero suele ser tan mágica como una bola y da tantos giros que se celebran con gritos y abrazos de gol que se parece mucho, muchísimo, al futbol.

Vida y futbol son hermanos gemelos. La vida, al igual que el deporte rey, hay que jugarla con intensidad desde el pitazo inicial (ese que resuena en el vientre materno) hasta el pitazo que marca el final del partido (ese que se hace eco en la memoria de los seres queridos).

En ambas actividades son necesarias las pausas. En una para reacomodar líneas, replantear la estrategia, ejecutar las nuevas instrucciones que se emiten desde el banquillo; en la otra, para examinar el pasado, repensar el presente y tomar aire para los retos y metas del futuro. No se debe transitar sobre el césped o el día a día sin hacer un alto en el camino, respirar, meditar, observar con atención.

La vida, como el balompié, se juega mejor con la cabeza que con los pies. No es un asunto de carreras y patadas, sino más bien de ideas y pensamiento. Es recomendable alinear siempre a la reflexión, la introspección, el razonamiento, la ponderación... ¡vaya línea de cuatro para jugar la vida!

Es importante tener claro que en la vida están presentes también las zancadillas, los codazos, los cabezazos, los golpes bajos, los puñetazos, los escupitajos, las ofensas. Lo bueno es que no todo es así; hay una importante presencia de juego limpio, buenas intenciones, humanidad, solidaridad, compañerismo.

La vida no está exenta de tarjetas rojas y amarillas. De cuando en cuando nos amonesta y, si considera que es necesario, nos expulsa y hasta nos castiga con varias fechas de suspensión. Esto casi siempre tiene que ver con malos hábitos de alimentación, sedentarismo, adicción al trabajo, estrés, orgullo, arrogancia, falta de perdón.

En relación con lo anterior, la vida sabe pitar penales, anular anotaciones, sorprendernos fuera de juego. Por otro lado, también puede recompensarnos con tiempos extra, goles de oro, una barra entusiasta, fichajes de lujo, excelentes resultados y muchos campeonatos para festejar.

Vida y futbol se juegan a ratos en equipo, pero hay momentos en los que se debe apelar a la individualidad. Cada quien ha de buscar, encontrar y definir el justo balance entre la multitud y la soledad. El secreto está en el adecuado equilibrio. Es como el FC Barcelona: por momentos, labor de conjunto; de pronto, tarea del explosivo y talentoso Messi. La vida es, en resumidas cuentas, un partido que merece ser jugado.

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