Publicidad

Magníficos

Don Julio

Valgan estas líneas como un sentido homenaje póstumo a un maestro que deja huella en la cancha de papel y tinta del periodismo deportivo.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Redacción

Don Julio Rodríguez Bolaños fue un enamorado del fútbol, deporte que durante muchos años practicó sobre dos superficies: la de cal y césped, donde exhibió cabeza fría y dominio del balón ante sus allegados, y la de papel y tinta, en la que demostró inteligencia y elegancia ante sus lectores.

Tuve el gusto de jugar algunos partidos con este señor en la plaza del barrio El Socorro de San Miguel, Santo Domingo de Heredia, donde me sorprendió con su buen juego. Sin embargo, la mejor impresión me la causó cada vez que trocó los tacos por la pluma y saltó a la cancha del periodismo de opinión que ejerció en sus columnas E n Vela, de La Nación, y 7 magníficos, de Al Día.

En este terreno el también exeditorialista de La Nación y El Financiero actuó como un verdadero crack: derrochó talento, inteligencia, visión, sentido estratégico, visión periférica, dominio del campo, velocidad de reacción, respuesta oportuna. Era un intelectual que a la hora de poner a correr la tinta sabía hacer pausas, ejecutar cambios, alinear las ideas.

Sí, a la hora de opinar sobre el presente y el futuro del balompié nacional don Julio transformaba la máxima “pienso, luego existo” (del filósofo francés René Descartes) en “pienso, luego escribo”. No saltaba a la gramilla del análisis sin antes haber planificado sus movimientos y desplazamientos; era un convencido de que el fútbol se juega (sea sobre el zacate o en las páginas de los periódicos) con la cabeza pues es un asunto más de mente que de hígado y de cerebro más que de piernas. Calentaba no con saltos y carreras, sino con meditación y reflexión. Varias veces lo escuché decir: “No se expresa con claridad quien primero no piensa con claridad”.

En otras palabras, era serio y responsable al emitir criterio en torno al deporte más popular del planeta. Esto lo hacía brillar en un terreno donde lamentablemente las ocurrencias, los disparates, los comentarios fanáticos, las chotas, las burlas, la paja, el veneno y el bla bla bla le ganan el partido al análisis reposado, la crítica constructiva, el señalamiento sustentado y el pensamiento riguroso.

Independientemente de si estuviera a favor o en contra de sus opiniones, siempre disfruté —desde la gradería de los lectores— de la pulida estrategia de camerino con que este abogado y periodista planteaba reconocimientos y denuncias, sugerencias y críticas, felicitaciones y reproches, fortalezas y debilidades, virtudes y pecados, generosidades y mezquindades al referirse a los actores deportivos, se tratara de dirigentes, jugadores o aficionados.

Valgan estas modestas y breves líneas como un sentido homenaje póstumo a un maestro que sin duda alguna deja huella en la cancha de papel y tinta del periodismo deportivo.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

Publicidad

Sondeo ¡Participe!

¿Marcará diferencia la ventaja deportiva en las semifinales del Torneo de Invierno?

Ver resultados

Publicidad