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Don Quijote en la media cancha

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Don Quijote sería el volante creativo. Amo y señor del medio campo. Es loco, valiente, osado, temerario, imaginativo, siempre a la búsqueda de nuevos desafíos, lo entusiasma resolver problemas, cree en sí mismo y termina todo lo que comienza.

Este hijo literario de Miguel de Cervantes tendría dos socios en la media cancha: un jugador de dos rostros y dos personalidades contrapuestas, y por lo tanto experto en cumplir dobles funciones, Dr. Jekyll y Mr. Hyde (de la novela de Robert Louis Stevenson), y a otro con muy buena madera, Pinocho (personaje de Carlo Collodi).

Cuando de aportar talento al ataque se trate, Dr. Jekyll entraría en acción aportando ingenio e inteligencia, pero este mismo jugador se transformaría en Mr. Hyde a la hora de destruir el juego del rival debido a su carácter inmisericorde y despiadado. Y si de Pinocho se trata, ¿quién pondría en tela de duda su capacidad para engañar a los rivales?

Estos serían los volantes de mi equipo literario de futbol, un conjunto, además, altamente ofensivo por lo que tendría cuatro delanteros.

Uno de ellos, Tío Conejo, el de los “Cuentos de mi tía Panchita”, de Carmen Lyra: pícaro, travieso, granuja, sagaz, malicioso, jugado; ¡un verdadero dolor de cabeza para los defensas! También Marcos Ramírez, hijo literario de Carlos Luis Fallas (Calufa): con un perfil muy parecido al del personaje anterior, solo que –en mi opinión– más atrevido, a ratos irreverente y desafiante.

Sumo a uno de mis personajes literarios predilectos: Gregorio Samsa (“La metamorfosis”, de Franz Kafka); en el futbol moderno se requiere de jugadores con gran capacidad de cambio y transformación, y que actúen con la mente de un hombre y el instinto de un bicho. Falta uno que en realidad son varios, pero alinearía uno a la vez: los Cronopios, seres creados por Julio Cortázar. Son despreocupados, desordenados, distraídos, fantasiosos e inconscientes; por lo tanto, aptos para enloquecer a cualquier bloque defensivo.

¿Y en la defensa? Línea de tres: Tata Mundo (personaje de Fabián Dobles), Pantaleón (de Mario Vargas Llosa) y Florentino Ariza (“El amor en los tiempos del cólera”, de García Márquez). Mezcla de picardía, placer y pasión.

El guardameta sería Polifemo, uno de los cíclopes de la “Odisea”, de Homero. Cierto, posee solo un ojo, pero es enorme y agresivo.

¡Sorpresa en el banquillo! La dirección técnica estaría a cargo de Tieta de Agreste (de Jorge Amado), una mujer inteligente, pícara, osada, emprendedora, arriesgada, que no le arruga la cara a nada, no se acompleja ante nadie y va por todas.

Otro día les cuento acerca de la banca, los asistentes, el utilero y el aguatero.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha

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