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Magníficos

Atrapados en mis ojos

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Han transcurrido más de 20 años desde la última vez que los vi jugar como porteros, pero aún los tengo atrapados en mis ojos; el colirio del tiempo no los ha desterrado.

Uno de ellos, Marco Antonio Rojas, vive en las retinas. Allí lo veo todavía con el pelo largo y defendiendo con pasión el marco del Deportivo Saprissa.

El otro, Alejandro González, reside en las córneas. De cuando en cuando me reencuentro con su pelo corto y el celo con que velaba por la portería de Liga Deportiva Alajuelense.

Da gusto conservar en las pupilas las imágenes de los mejores porteros costarricenses que he visto en mis casi 51 años de vida.

Hay días en los que uno de ellos aparece en los iris atajando penales, acomodando barreras, arrojándose temerariamente a los pies de un delantero o recibiendo los aplausos de la afición.

En otras ocasiones es el otro a quien la memoria proyecta en las niñas. Vuelvo a emocionarme al verlo volar casi a la altura del horizontal, jugar el área con propiedad y autoridad, ahogar gritos de gol o firmando autógrafos.

A estos dos gigantes que hasta el día de hoy visualizo en mis nervios ópticos les admiré y aplaudí sus hazañas futbolísticas en las décadas de los 70, 80 e inicios de los 90 del siglo pasado, en especial en los estadios Alejandro Morera Soto, Ricardo Saprissa Aymá y el viejo Nacional de La Sabana.

Cuando de grandeza deportiva se trata, la papila óptica no repara en colores de uniformes, banderas, camisetas ni viseras. La admiración es daltónica; el fanatismo, ciego.Rojas y González dotaron a los clásicos del futbol nacional de un importante e inolvidable valor agregado. Igual me emocionaba yo cuando el primero de ellos repelía un gran disparo de Omar Arroyo que cuando el segundo se dejaba un tiro venenoso de Luis “Neco” Fernández. Escenas de este tipo nadan en el gel de mi humor vítreo.

No exagero cuando afirmo que gustoso asistía a esos partidos no solo por los goles que se anotaban, sino también por los que estos porteros impedían con sus reflejos felinos, malicia indígena y excelente ubicación y concentración en cada encuentro. Los echo de menos en las canchas, no así en las fóveas ni en los ejes ópticos.

Cuánto me gustaría que la caja de cambios del tiempo tuviera marcha atrás. Sería maravilloso que relojes, agendas y calendarios retrocedieran hasta los 70, 80 y 90 del siglo pasado...Mas como eso es imposible, de cuando en cuando me doy el gusto de revivir a Marco Antonio Rojas y Alejandro González en mis glóbulos oculares.

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