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MAGNÍFICOS

Mi locutor favorito

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Andrés Salcedo González. Este es mi locutor deportivo favorito.

A este colombiano nacido en 1941 lo conocí –mejor dicho, a su voz-- por medio de los partidos de futbol alemán que la empresa alemana Transtel transmitía cada sábado por la tarde a través de Teletica Canal 7 en la década de los años 70.

En ese entonces ya había transcurrido más de una década desde que esa garganta se unió a los micrófonos “hasta que la muerte los separe”, ya que este hijo de la tierra del manjar blanco y el sancocho de gallina se había estrenado como locutor en una modesta emisora de música en la Barranquilla de 1959.

Cada fin de semana yo me sentaba, en compañía de mi padre, frente a la pantalla chica a disfrutar de aquella liga en la que participaban equipos como el Bayern Múnich (mi club predilecto de todos los tiempos), el Hamburgo, Colonia, Shalke 04, Bayer Leverkusen y otros que hoy día siguen produciendo futbol de alta calidad.

Saboreaba no solo la inteligencia y precisión de las jugadas, sino también la amena y profesional locución de Andrés Salcedo, quien se deleitaba poniéndole motes a aquellos jugadores de extraños y complicados nombres y apellidos con tal de hacerlos más familiares para la audiencia de este lado del Atlántico: “Caperucita roja” Rummenigge, la “pulguita” Simonsen, Félix Magath “el espía que vino del frío”...

A la hora de transmitir, este colombiano se enfocaba en el partido, mas no para decir lo obvio sino para orientar a los televidentes, ayudarles a comprender mejor la belleza y la técnica del arte de la gramilla.

Salcedo era un locutor de transmisiones limpias: dicción clara (se entendía cada palabra), comentario breve y oportuno (la lección en pocas palabras), volumen agradable (sin gritos, chillidos ni alaridos) silencios acertados (permitían digerir y pensar) y fino sentido del humor (comprensible para la audiencia y no solo para el equipo humano de transmisión).

Además, hacía un uso responsable del micrófono (no bateaba, no inventaba, no pronunciaba conclusiones apresuradas, no regañaba, no se creía el dueño de la verdad), tenía los pies bien puestos sobre la Tierra (sabía que el protagonista era el futbol, no él) y era dueño de un estilo natural (no echaba mano a frases forzadas o prefabricadas).

Recientemente me enteré acerca de serios cuestionamientos legales que enfrenta este hombre en Colombia... Imposible e irresponsable vaticinar el fallo de los jueces; de momento, aquí les dejo mi veredicto en el campo de la locución deportiva.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha

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