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MAGNÍFICOS

Mami, ¡nos salvamos!

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Minuto 12: 1-0. La madre, una mujer de facciones tristes, se funde en un cálido abrazo con sus dos hijos: una niña de 12 años y un niño de ocho, ambos con más propensión al miedo y el silencio que al juego y la alegría.El festejo tiene lugar un domingo en la sala de la casa, espacio donde está ubicado el televisor en que la familia sigue atenta las incidencias del partido. El padre, todo un fanático, se encuentra en el estadio.Minuto 23: 1-1. El equipo contrario anota el empate con un soberbio remate de cabeza tras un tiro de esquina. En el estadio muchos celebran, dan rienda suelta a la emoción y la pasión; en aquella vivienda, reinan el silencio y alguna lágrima se desliza por la mejilla de la madre, quien se apresura a secarla antes de que sus hijos la vean.Minuto 40: 2-1. La algarabía estalla en casa. El eterno goleador acaba de demostrar por qué es el jugador mejor pagado en el país. --¡Gracias Dios, mil gracias! –manifiesta la madre, quien en lugar de festejar con un salto prefirió arrodillarse frente al mueble decorado con la imagen de un santo y la fotografía del esposo vistiendo una camiseta de su equipo favorito.Minuto 56: Penal a favor. Madre e hijos cruzan los dedos e imploran en silencio que el encargado de ejecutar la pena máxima anote el gol que les daría una ventaja más holgada. Los segundos parecen minutos y estos horas durante el tiempo donde el rival reclama airadamente el fallo del árbitro.Suena el pitazo… “¡Y la botoooooooooooó! ¡La envió por encima del horizontal!, grita a todo galillo el locutor deportivo.Minuto 74: Penal en contra. ¡Y gol! ¡Golazo! Excelente ejecución, digna de un maestro del futbol.La niña corre hacia su cuarto, cierra la puerta y se acuesta a llorar. Mientras, su hermano lanza al aire una pregunta harto conocida en el Cielo: “¿Por qué, por qué no nos ayudas Diosito, por qué tan malito con nosotros?” Minuto 77: 3-2.No a favor, sino en contra. El niño corre a refugiarse en los brazos de su madre y dice: “Papá debe estar enojado”; la madre y la niña saben que sí.Minuto 86: 3-3. La niña dice desde su cama: “Eso no es para celebrar. El empate no nos salva”.Minuto 92: 4-3. Golazo a favor en el último minuto del tiempo de reposición. La madre y sus dos hijos vuelven a abrazarse y lloran de alegría.“Mami, ¡nos salvamos!”, exclaman al unísono los niños pues ese marcador sí los exime, al menos por ese día, de un episodio de violencia doméstica.

Pagan por un desconocido inofensivo dentro de la cancha

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