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MAGNÍFICOS

Cuentos de angustias y mejengas

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Jenaro era un hombre atribulado, porque pensaba que la tierra lo malquería; la juzgó en su contra y quizás por eso, la región a veces lo atormentaba y a veces, también, se reía de él...(La bocaracá). Remata de cabeza frente al marcooooo ¡y la botó! ¡Increiiiiiiiíble! Solo, completamente solo, libre de marcas y envió la bola por encima del horrrrrrrrrizontallll! (Locutor deportivo adicto a los gritos).

¡Un puente de madera que sonaba como una marimba! Cada vez que el trote de un caballo hacía sonar la tablazón, la Chela se conmovía y sus alegres palpitaciones se confundían con el tableteo... (El puente). Hace una finta, elude al portero... ¡Va a ser gol! ¡Va a ser gol! Tiraaaaaaaaa ¡y caprichosamente el balón pega en el vertical y sale del terreno de juego en lo que parecía el primer gol del partido! (Locutor deportivo experto en puntear invitaciones de restaurantes).

Pero no. No toda la gente del lugar hallábase en la casa del muerto. Faltaba Luisa, la tímida Luisa, la insignificante y callada muchacha que vivía frente a la casa de Juan Ignacio... (El novillo). ¡¡¡Uyyyyyyyyyyy!!! Casi, casi, casitiiiico anota, pero el terreno le jugó una mala pasada y el balón se negó a ingresar en el marco. (Locutor deportivo al que cuesta entenderle lo que dice).

En el corazón del Golfo de Nicoya cayó de pico un alcatraz y levantó la cabeza con una corvina. Otro alcatraz, volando a ras del agua, le arrebató el pescado y huyó hacia los manglares. (El bongo). ¿Cómo que la pifió? ¡No puede ser si lo más difícil era botarla! La defensa estaba vencida y el portero en el suelo, solo era cuestión de tocar la bola para marcar el gol. Si no lo veo, no lo creo. (Locutor que cuenta chistes que solo él y sus compañeros entienden).

Encendió un cigarrillo y, al levantar la vista, notó que varios peones lo miraban con marcada insistencia. Un hervor de sangre le recorrió, atropelladamente, todo el cuerpo (Un matoneado). ¡¡¡Gooooooollllllll ¿qué? ¡No puede ser, no es posible que por tercera vez consecutiva haya fallado un gol hecho! ¡Dios mío! (Locutor deportivo para quien el futbol de nuestro país es de calidad internacional).

Se desnudaban las olas en la playa, y en la playa tendían su ropa blanca. (El botero). Lo confieso: me gusta el futbol, pero más la literatura, y en múltiples ocasiones a las letras les resulta muy fácil ganarle la partida a los balones. Y si de los cuentos de Carlos Salazar Herrera se trata, ¡la lectura gana por goleada!

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