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MAGNÍFICOS

Pinto, dudé que usted era capaz de clasificarnos al Mundial

Lo confieso Pinto. He pecado. Tropecé. Caí en la tentación de dudar que usted era capaz de conducir a nuestra Selección hasta el Mundial de Brasil.

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Lo confieso Pinto. He pecado. Tropecé. Caí en la tentación de dudar que usted era capaz de conducir a nuestra Selección hasta el Mundial de Brasil.

Sí, a lo largo de esta eliminatoria he sido incrédulo, escéptico, desconfiado, receloso, suspicaz, malicioso, malpensado, sumamente reservado sobre su trabajo.

Es más, y lo que es peor, no me he quedado callado. A parientes, amigos y compañeros de trabajo les he saturado y desbordado oídos y orejas con mis comentarios negativos respecto a su liderazgo como director técnico.

Y para no salir de este confesionario con abejón en el buche, me declaro culpable de haber pronunciado las siguientes palabras apenas me enteré de su contratación como timonel del once tico: “Pónganle la firma, Costa Rica no irá al Mundial”. Y me sentí seguro de tener la razón, me creí dueño de la verdad, experto en futbol.

Para darle una idea de la dimensión de mi duda, permítame decirle que la reacción del apóstol Tomás ante la resurrección de Jesucristo fue una caricatura rudimentaria a la par del nivel de mi actitud respecto al futuro que nos esperaba con usted.

“No creeré nada de lo que me dicen hasta que vea las marcas de los clavos en sus manos y meta mi dedo en ellas, y ponga mi mano en la herida de su costado”, dijo Tomás de acuerdo con el relato bíblico.

Yo, por mi parte, manifesté: “No creeré en la clasificación al Mundial, hasta que vea la tabla de posiciones de Concacaf y haga mis cálculos matemáticos, y esté completamente seguro de que el pan no se nos va a quemar en la puerta del horno”.

¿Por qué así? Porque nunca me han gustado los entrenadores conservadores, esos que inclinan la balanza de la estrategia más hacia el plato de la defensiva que hacia el de la ofensiva, que apuestan más por aldabas y candados que por llaves y ganzúas, por “echar el equipo atrás” para amarrar un resultado modesto. Y siempre, no lo niego, he considerado que usted es uno de ellos. Sin embargo, le confieso que no dudé solo de usted. También lo hice de sus asistentes: Luis Marín y Paulo César Wanchope. Sume a esta lista al entrenador de porteros, Luis Gabelo Conejo.

La lista de la desconfianza incluye, además, a los seleccionados. Una y otra vez sostuve que este equipo no le llegaba a los tobillos al conjunto del memorable aztecazo del 16 de junio del 2001: Medford, Fonseca, López, Parks, Sunsing, Bryce, Castro…Prefiero confesarle esto en lugar de hacer lo que muchos hacen ahora: asegurar que siempre creyeron en usted. E so sí, confieso que ahora usted es un sutano al que prefiero imaginar con sotana que en el sótano.

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