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Matías

Por suerte no nos quedamos en planes y en buenas intenciones (como acostumbramos los ticos), sino que esa misma noche pasamos del plan al hecho ya que ese 1 de setiembre del 2012 jugaban el Deportivo Saprissa y Belén F. C. en el estadio Ricardo Saprissa Aymá.

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Aquella mañana de sábado te pregunté si alguna vez habías visto un partido de futbol en algún estadio. Me respondiste que no. De inmediato, a los dos se nos iluminaron los ojos: a vos ante la posibilidad de que este tío te invitara a debutar en las graderías; a mí, ante la idea de darte ese regalo.

Por suerte no nos quedamos en planes y en buenas intenciones (como acostumbramos los ticos), sino que esa misma noche pasamos del plan al hecho ya que ese 1 de setiembre del 2012 jugaban el Deportivo Saprissa y Belén F. C. en el estadio Ricardo Saprissa Aymá.

A lo largo del día te comportaste como el muchacho de 12 años que eras en ese entonces: continuamente me preguntaste si íbamos a ver el partido desde palco, platea, sombra o sol, una y otra vez me consultaste acerca de la hora de inicio del juego y me interrogaste hasta la saciedad sobre la posible alineación del Monstruo.

También estabas interesado en las fortalezas y debilidades del equipo contrario, en la tabla de posiciones del campeonato, en quiénes eran las estrellas moradas y cómo se llamaba el goleador.

No me extrañó tu actitud pues siempre has sido inquieto, curioso, preguntón. Te gusta hurgar, husmear, indagar; qué bueno que sos así, que no creás de buenas a primeras en todo lo que se te dice ni en “verdades oficiales”.

Volviendo a aquel 1 de setiembre, recuerdo que a eso de las 5 de la tarde echaste mano a algunos de mis atuendos saprissistas: gorra, abrigo, bufanda y bandera. Constantemente te paraste frente al espejo a verificar que cada prenda estuviera en su lugar y luciera estupenda.

Cuando por fin emprendimos el viaje hacia el estadio, no cabías de felicidad; tenías la misma mirada que cuando abrís los regalos de Navidad. ¡Y qué decir de tu alegría en el preciso instante en que ingresamos al sector de platea oeste y viste a miles de aficionados equipados con cornetas y banderas! “Tiojo, ¡qué chiva esto!”, exclamaste y me abrazaste.

Disfrutaste de todo: las jugadas, los gritos, las silbatinas, las ocurrencias de los fanáticos, las rumberitas (¡por supuesto!), la mascota del Monstruo, los tambores de La Ultra, incluso de los dos goles en contra, porque sí, Belén F. C. nos ganó 2 a 0 con anotaciones de Ariel Santana y Carlos Clark.Tras el pitazo final, me abrazaste y con los ojos inundados de lágrimas me dijiste: “Tiojo, esta noche nunca la voy a olvidar. Siempre te voy a agradecer que me hayas invitado por primera vez a un estadio. Tenemos que volver muchas veces más”.

Cierto, aquella noche perdió mi equipo, pero la vida me permitió ganar y por goleada.

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